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Esta es la pregunta de la cual parte mi reflexión e investigación sobre cómo se desarrolló el surrealismo pictórico en América Latina durante el siglo XX. En estas tierras se dio una característica inédita y distintiva en este movimiento: sus mayores exponentes han sido mujeres. 

Cuando se piensa en el surrealismo los primeros nombres que surgen son Salvador Dalí, Max Ernst, René Magritte, por mencionar algunos, todos artistas varones, europeos y blancos. Tiene sentido, sabiendo que este movimiento nació en Francia cuando era la cuna de las vanguardias. Pero, ¿qué pasó cuando Europa dejó de ser un lugar propicio para el florecimiento artístico, al estallar la Segunda Guerra Mundial? 

Según De Rueda (2018), muchos de ellos se trasladaron a Estados Unidos y otros a países latinoamericanos. En este punto, hay un quiebre: junto a estos hombres también llegaron mujeres, que encontraron en estas tierras un espacio propicio para su emancipación creativa. La autora plantea que todas las vanguardias que arribaron al continente americano sufrieron transformaciones para adaptarse a las necesidades del contexto. En este caso, el surrealismo tomó elementos locales como la mitología, la religión, el mestizaje, el subconsciente colonial, lo mágico y mítico, para ser explorados y representados. Hubo también un componente de compromiso político y anticolonial, tomando influencias de ideas anticapitalistas, indigenistas y antifascistas.

Remedios Varo, Leonor Fini, Leonora Carrington, Frida Kahlo, por mencionar algunas, formaron parte de esta ola. En una sociedad profundamente machista, las posibilidades de ser una artista independiente y exitosa son muy reducidas; a las mujeres, se nos ha negado sistemáticamente la entrada a las academias de formación artística, a los salones de exposición y la exclusión de círculos de artistas.

El surrealismo ha representado un triunfo en la conquista de espacios; justamente sucede en este movimiento, que explora lo onírico, lo mágico, lo maravilloso y siniestro, lo censurado, incluso temas como lo erótico y la sexualidad, es donde las mujeres estamos irremediablemente presentes. 

La práctica artística de estas mujeres cuestionó la mirada paternalista y patriarcal presente en la sociedad, la cultura y sobre todo en el mundo del arte. Indagando sobre la condición femenina excluida, el inconsciente como potencia revolucionaria, lo maravilloso oculto en la vida cotidiana y el sincretismo cultural latinoamericano (De Rueda, 2018). 

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Mujeres, magia, misterio y arte

En muchas sociedades de la antigüedad y de las civilizaciones prehispánicas, las mujeres eran puentes entre el mundo terrenal y el espiritual. Las pitonisas en la antigua Grecia, las machis en la cultura mapuche, las druidas en el pueblo celta, por dar ejemplos. La figura femenina como sacerdotisa, curandera o bruja siempre ha estado presente. ¿Podría ser, entonces, la magia una forma de emancipación del sistema patriarcal?

Entonces, volvemos a la pregunta inicial: ¿buscan las mujeres surrealistas escapar al mundo onírico o, en cambio, construir un mundo metafísico en el que la violencia y los mandatos del patriarcado no las alcancen?

Leonora Carrington, una de las primeras en pisar el continente americano, llegó escapando de la Segunda Guerra Mundial, con una familia burguesa que la había desheredado por haberse casado con Max Ernst, un hombre 26 años mayor que ella. Fue, además,  internada involuntariamente en un centro psiquiátrico por su propio padre, en donde sufrió tratamientos médicos experimentales y electroshock. 

Frida Kahlo, icono de la cultura popular mexicana, vivió con un profundo dolor físico y emocional, causado por una enfermedad a temprana edad, un accidente de tránsito. Se sumó, además, la disfuncional relación con su dos veces marido Diego Rivera, quien la engañó en múltiples ocasiones, incluso llegando a serle infiel con la propia hermana menor de ella. 

Leonor Fini, pintora argentina poco conocida, pero sumamente disruptiva para su época, no tuvo una vida tan dolorosa como las artistas anteriores, pero sí una muy particular. Fue criada vestida de varón por su familia para que su padre no la reconociera; en su adultez, se negó a vivir bajo los mandatos del matrimonio, fue sexualmente libre, manteniendo vínculos tanto con hombres y mujeres simultáneamente. Se codeó con los grandes artistas de las vanguardias artísticas europeas y rechazó ser catalogada oficialmente como surrealista y formar parte de su grupo. 

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La práctica artística se volvió alquimia que transformó la propia existencia. Carrington creó mundos y personajes nuevos, los cuales cuentan historias, sobre ella misma y la sociedad, trasladándose a entornos de ensueño. Kahlo narró sobre sí misma en sus obras, su lugar como mujer, el dolor que habitaba y sus ideales por una sociedad mejor. Fini retrató mujeres fuertes y dominantes, hombres sumisos, personajes andróginos indescifrables; exploraba la expresión de género y la sexualidad a través de escenarios oníricos. 

Para muchas de ellas, la pintura se volvió una manera de expresar el dolor, para transformarlo en algo diferente, volverlo símbolo o de construir nuevos mundos posibles, en donde la buena moral, el deber ser y la monotonía no existen. 

Desde su manifiesto, el movimiento surrealista plantea la libertad como un principio y una búsqueda primordial del ser pero, las mujeres carecen de la posibilidad de ser libres en un mundo que no está construido por y para ellas. 

Creo firmemente que las mujeres jamás podran serán libres en este mundo, hasta que dejen de ser relegadas como un “segundo sexo”.

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LA MÍSTICA DE LA FEMINIDAD

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