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La memoria, la experiencia del territorio, la materialidad e inmaterialidad del dibujo y la relación con fenómenos incontrolables, como las tormentas. Hay, en esta enumeración que podría parecer caprichosa, un denominador común: un artista, un proyecto visual recursivo pero a la vez, que se renueva, que incorpora nuevas líneas -como recursos tecnológicos- o que explora las nuevas formas de hacer y de decir.
A bordo de este viaje está Guillermo Mena.
En el CV de este artista cordobés aparecen becas del Fondo Nacional de las Artes, numerosas exposiciones individuales, residencias artísticas por países como Islandia o Uruguay. Y en un diálogo extenso con Árida, se desgranan, lentamente, esos conceptos enumerados, junto a otros más.
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El dibujo es, sin duda, un elemento vital en las artes. Es gestual y propio, y hoy no tiene borde.
Rosalind Krauss (1996), en su célebre ensayo La escultura en el campo expandido, propuso que las categorías artísticas tradicionales habían perdido sus fronteras rígidas. Si bien la autora se enfoca en la escultura, habilita a pensar cómo la línea puede proyectarse como una constelación o estructura espacial fuera del plano de papel.
“El dibujo se establece siempre como la fijación de un gesto que concreta una estructura, por lo que enlaza con todas las actividades primordiales de expresión y construcción vinculadas al conocimiento, a la descripción de las ideas, las cosas y a los fenómenos de interpretación […] (Gómez-Molina, 2003, p. 17).
En este campo se mueve Mena. Así, su dibujo expandido implica una práctica artística y ontológica donde abandona las restricciones bidimensionales del soporte y sus categorías convencionales (grafito, tinta) para desplegarse hacia el espacio tridimensional, la temporalidad, pero también la acción corporal, la instalación y las tecnologías contemporáneas.
Esta interacción convierte al observador en un elemento activo, ya que la percepción de la obra depende de su punto de vista.


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En varias entrevistas expresás que tu entendimiento del dibujo nunca es únicamente una representación sino que lo ves como una experiencia física. ¿A qué te referís?
“El dibujo está en expansión. Me interesa la idea de habitarlo. Me lleva a la infancia, a los inicios. Siempre hubo un vínculo con el pueblo, con la nostalgia”, explica. La frase resume un largo capítulo de su percepción-acción, sobre el que se vuelve, pero que nos lleva a sus inicios.
Guillermo Mena nació en Los Cóndores, Córdoba, un pueblo de unos 3500 habitantes, ubicado entre la capital serrana y Río Cuarto. En varias notas a medios ha explicado que crecer en Los Cóndores fue determinante para su relación con el paisaje. Ese vínculo reaparece años después en proyectos como Regreso/Erosión, donde vuelve físicamente a esos lugares para recolectar las maderas con las que produce su propia carbonilla, y que forma parte de múltiples de sus obras.
“Regreso-Erosión consistió en volver a los lugares que había habitado anteriormente, inicialmente Los Cóndores, donde nací, y recolectar maderas y ramas de un pequeño bosque de eucaliptos que solía caminar en mi adolescencia”, relata desde su estudio. “Le dí un giro y armé mi carbonilla a partir de ramas secas. Es un material que no desaparece, sino que se transforma”.
Este material fue parte de una etapa, dice el artista, entre 2018 y 2021, donde él mismo buscaba insumos en diversos lugares que recorría. “Fue una etapa de mucha exploración, de indagar en la alquimia de la carbonilla”. “Después lo dejé -añade-, si bien, cada tanto, sucede de retomar esta búsqueda. Hoy no son mi eje”. En efecto, hoy trabaja con diversos materiales y pone el acento en lo performático, en el hacer.
“Lo expandido no es solo la experiencia física, para completar aquello que mencioné alguna vez, sino lo previo y el después. Qué nos pasa antes, por qué, y qué sucede cuando ese dibujo cambia o se desvanece. Apunto a ver la acción performática del dibujo, que abarca muchas más cosas, como por ejemplo, el registro”.
Y sin duda, en ese ámbito de clara expansión, de bordes que desaparecen, está lo corporal.
“Los dibujos a gran escala me hacen trasladarme, hacen uso del cuerpo. El espectador mismo, también”.
Está clara esta visión en muchas de sus ideas. En efecto, en la residencia artística que realizó en 2019 en Uruguay, usó su propio cuerpo, envuelto en papel, se arrastró, caminó, sobre paredes que previamente había preparado con carbón. “Es la acción física directa, que intenta manipular el enorme papel en la superficie, que amplifica el discurso y propone una investigación sobre la acción del cuerpo sobre la materia”, asegura Lucía Pittaluga, curadora de la propuesta.

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Nomadismo
Hay palabras, más bien conceptos, que son parte de su estilo. “El nomadismo está muy presente”, asevera. A modo de ejemplo, Guillermo cuenta un proceso de murales en diversos lugares: él llega, lleva su idea, despliega 15 metros de papel para trabajar, in situ. El regreso, cuando todo termina, es apenas la mochila con la que llegó.
“El nomadismo es clave. Hubo mucho nomadismo en mi vida, tanto por cuestiones personales, de mudanzas y viajes, como por lo artístico. Logré conectar uno con otro, y particularmente, la cuestión del apego/desapego”.
Este binomio aparece, podríamos decir, en sus obras. La carbonilla es volátil, refiere Mena, “algo que está un momento y luego se va transformando”.
Acción de des/apego no es una obra aislada sino un dispositivo performático que el cordobés viene desarrollando desde 2015 y que ha activado en distintos países. Es, probablemente, una de las piezas centrales de toda su producción porque condensa muchos de los temas que aparecen dispersos en sus dibujos e instalaciones: la permanencia/no permanencia, la memoria, el cuerpo, el paisaje y la pérdida.
Cuando el dibujo está próximo a desaparecer, en lugar de conservarlo, comienza un nuevo proceso: frota hojas de papel sobre el muro y extrae monocopias del carbón.
Mientras algunos artistas cuidan celosamente, por ejemplo, el modo de presentar y preservar una pieza, a Mena esto no parece importarle; al revés, le interesa más analizar qué sucede si, por ejemplo, el tiempo desgasta ese trazo. “La experiencia es siempre diversa, y es intransferible”
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¿Cómo es, en líneas generales, tu proceso creativo?
–“Es muy cambiante. He tenido intentos de estructurarlo, pero no funcionó así siempre.
El nomadismo, los viajes, las residencias artísticas que he hecho y hago me permiten salir del contexto habitual y generar un recorte de la rutina. En las residencias me ha pasado de encontrarme armando un plan, por ejemplo, a la mañana hacer tal dibujo, luego, modificar tal o cual aspecto”.
El artista publicó, en 2023, un libro en el que vuelca parte de sus pensamientos, su mirada y sus búsquedas. La publicación es Olvidarse del paisaje y es un libro digital. “El libro fue buenísimo, pero el proceso siempre es una de las cosas más interesantes”, señaló Mena, en una entrevista muy profunda y enriquecedora que le realizó Guadalupe Garione para la revista académica El Jardín de los poetas. La novedad es que hay otro proyecto editorial en marcha, que relatará hacia el final de esta conversación.
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El lugar del diseño
En su formación inicial, el artista egresó como Técnico Superior en Artes Visuales de la Escuela Provincial de Bellas Artes Líbero Pierini, en Río Cuarto, en 2011. Entre 2003 y 2007 cursó la carrera de Diseño Gráfico en la Universidad Empresarial Siglo 21, en Córdoba.
“Estudiar diseño me conectó un poco más con la historia del arte y del diseño, como las vanguardias, por ejemplo”.
Por otro lado, el diseño le aportó herramientas tecnológicas, dice Mena, como la animación digital, que hoy incorpora en sus nuevos proyectos. También habilidades blandas, como el “ejercicio de escuchar al cliente”. “El arte es como un salto a la incertidumbre”, observa.
Esa mirada, esa formación, también persiste en Mena en su permanente curiosidad por incorporar animación digital, por ejemplo, a sus propuestas.
Bariloche fue una experiencia que vinculó todo el bagaje de Mena con algo incontrolable: el clima. En efecto, los fenómenos atmosféricos forman parte de su interés.
Convocado por un proyecto llamado Sendero Patagónico, dirigido por la artista Catalina Swyekowski, el cordobés realizó en marzo de este año una intervención de tipo site specific en el hotel Raddison Blu Bariloche, particularmente en “el ojo”, una inmensa ventana que conecta la vía pública (Av. Bustillo) con el lago Nahuel Huapi.
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“Por primera vez armé esta obra híbrida, sujeta a los cambios atmosféricos”. La instalación incluyó unas telas que se movían con el viento, pero estaban intervenidas por una animación digital. Esos dibujos, realizados por Mena, estaban programados para proyectarse, uno u otro, según la potencia del viento.
Entonces vuelven, como sucede en el mundo Mena, esos conceptos fuertes: la indagación por la materia, la infancia, el territorio, la obra expandida. Todo ello conformará un proyecto que aún no tiene nombre: “Estoy buscando una forma en que los procesos y experiencias personales tomen forma de relato editorial”. Llevará seguramente una ardua tarea -significativa- de pensar, plasmar ideas, relatos, pensamientos, y que todo forme parte de un libro.
En paralelo, adelanta otro proyecto: una serie performática donde hay un aprovechamiento de un telégrafo. Este aparato es, básicamente, un dispositivo eléctrico utilizado para transmitir mensajes de texto a larga distancia. Su funcionamiento se sustenta en la codificación del código Morse en señales eléctricas, las cuales son transmitidas a través de ondas sonoras o conexiones por cable.
“Ahora me estoy interiorizando de cómo las ondas de radio viajan, y las condiciones que se cumplen para que se traduzcan o codifiquen. En efecto, recientemente lo armé como un mensaje lumínico que se desvanece. Pero mi idea es, cada vez que lo haga, ajustar la propuesta”.
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El universo Mena no es circular, tiene un modo helicoidal. Porque hay arraigos conceptuales que regresan, pero con enfoques diversos; o aparecen reinterpretados, con incorporación de tecnología, por ejemplo, y a la espera de una reacción del espectador que es hoy de un modo, mañana será otro.
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Lo del telégrafo no es casual, es causal. El abuelo materno de Mena era radioaficionado y tenía un telégrafo, un aparato que podría estar en desuso, pero que hoy lo posiciona, al artista, en vincularse otra vez con la memoria, los afectos, la infancia, el territorio.
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Garione, G. (2024). “El proceso siempre es una de las cosas más interesantes”: Una entrevista a Guillermo Mena. El jardín de los poetas. Revista de teoría y crítica de poesía latinoamericana, (19), 210–226. https://fh.mdp.edu.ar/revistas/index.php/eljardindelospoetas/article/view/8528
Gómez-Molina, J. J. (2003). El concepto de dibujo. En J. J. Gómez Molina (Ed.), Las lecciones del dibujo (3.ª ed., pp. 17–183). Cátedra.
Krauss, R. E. (1996). La escultura en el campo expandido. En H. Foster (Ed.), La posmodernidad (pp. 59–74). Kairós.
Mena, G. (s. f.). Guillermo Mena – artista. https://guillermomena.com/








