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Anna se comporta de forma extraña tras pedirle el divorcio a su marido, Mark. Lo que parece una sospecha de infidelidad, termina siendo algo que sobrepasa lo siniestro. Possession, un filme de 1981, se planta desde el terror en su sinopsis, pero también impone una mirada diferente de los roles tradicionales que en su momento fue toda una provocación: la actitud iracunda de su protagonista mujer.
La actitud de Anna sobrepasa lo que se considera apropiado para una mujer, en una escena del comienzo del filme, discute con su marido: éste la llama una promiscua a raíz de sus sospechas de infidelidad. Ella responde: “Oh sí, un monstruo. Me acuesto con todo el mundo”. Esta discusión escala a mayores haciendo que finalmente Anna termine golpeando a Mark para finalizar la discusión.
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El concepto de female rage (ira femenina) aparece en la cultura y en el cine como una forma de hablar de la rabia de las mujeres. A diferencia de la ira masculina, que casi siempre fue vista como algo positivo (una energía para actuar, liderar o incluso buscar justicia), la ira femenina fue reprimida, tratada como una enfermedad bajo el nombre de “histeria” o usada como motivo de burla. Mostrarla en el cine o en la literatura feminista no busca que sea vista como un “defecto”, sino al contrario: darle visibilidad y entenderla como una fuerza política y liberadora.
La autora Rebecca Traister, en su obra Good and Mad: The Revolutionary Power of Women’s Anger (2018) explica cómo la rabia de las mujeres, muchas veces negada y despreciada, también sirvió como motor de cambios sociales.
La industria cinematográfica ha mostrado a las mujeres en situaciones de ira o tristeza de manera demasiado neutra, casi sin reacción por parte de ellas. Sin embargo, la ira femenina no siempre se manifiesta en formas agradables o estéticamente bellas. En muchos casos, lo fuerte de esta representación está precisamente en su incomodidad. Cuando las mujeres expresan rabia sin filtros, el resultado suele ser excesivo, grotesco, desbordante, porque se opone a siglos de expectativas sociales que exigían pasividad, delicadeza y autocontrol.
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Possession estuvo dirigida por Andrzej Zulawski, y se realizó en un momento de la historia del cine donde la mujer todavía era retratada mayormente como un objeto que poco ayudaba en la narrativa del personaje principal masculino.
La película causó mucha confusión entre los espectadores.
El personaje principal, Anna, fue tachada de incomprensible y excesiva. Posteriormente, cobró más relevancia, volviéndose una película de culto dentro del horror. Se estudió, luego, la figura de la mujer en el cine.
La protagonista es central aquí. “La mejor manera de desacreditar a estas mujeres, de hacerlas parecer poco atractivas, es capturar una imagen de ellas gritando. El acto de una mujer abriendo la boca con fuerza y contundencia, a menudo en señal de queja, está codificado en nuestra mente como algo feo” (Traister, 2018).
En casi toda la película (por no decir toda), Anna se ve en situaciones de desborde o quiebre emocional; al principio no encontraba razón de su comportamiento: ella misma dice que le es infiel a su marido por aburrimiento.
Cuando Mark, desesperado, llama a la única amiga de Anna (Margie) y le pregunta si sabe algo acerca de una infidelidad, Margie le dice que no habla de todo con Anna y el esposo le dice que esto “No es apropiado”. Claramente, nunca le brindó un espacio de contención a Anna.
A lo largo de la trama, Anna es mostrada como alguien totalmente inestable e impredecible no puede quedarse completamente quieta, como si estar fuera de su hogar con su esposo e hijo, fuera a hacerla quebrar por completo. Esto se nota en varias escenas donde ella dentro del hogar, hace tareas domésticas mientras su esposo le habla, como si quisiera reprimir o contener esa ira que lleva con ella hace tiempo. En ocasiones no la puede contener, y genera un ambiente hostil y de incomodidad. Se refuerza, entonces la incomodidad de mostrar lo incomprensible y grotesco de la rabia.
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En determinada escena, el hijo de ambos pregunta a Mark si le parece más linda su madre (Anna) o la maestra de él; Mark responde -con una sonrisa- que su madre; una simple acción para contener a su hijo, sino uno de los principales puntos del filme la tentación de los pecados; que muestra la tensión entre el ideal de la esposa/madre y la posibilidad de otras formas de deseo, fuera de lo que se considera como correcto para la sociedad.
El monstruo que vive en el departamento de Anna constituye una materialización de todas sus tentaciones, pecados y hasta prejuicios sociales sobre el rol femenino en una familia, tanto el de una esposa como de una madre. Ella se puede liberar cuando mantiene relaciones sexuales con este monstruo, haciéndolo ver como si “abrazara” esto que la sociedad considera como pecado: la no represión de su rabia y deseo.
La sociedad aborda la maternidad como símbolo de pureza, es el rol femenino tradicional; aquí aparece como un monstruo, de manera torcida y violenta, algo incómodo de ver, que rompe con las imágenes bellas o idealizadas sobre las mujeres/madres en el cine.
Lo grotesco de Anna está justamente en esto: en que su rabia no se expresa con palabras claras, sino con gritos, sacudidas, vómitos y fluidos. Es un enojo que se vuelve físico, animal, y que se mezcla con lo despreciable, lo que la sociedad prefiere ocultar. En ese exceso, Anna encuentra una forma de liberación.
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