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Bajo el título ¿Qué son las cosas?, la actriz-performer Silvina Mañueco desarrolla una obra-instalación de teatro de objetos donde nos propone habitar un mundo imaginario-real, a partir del contacto visual con diferentes objetos de época y nos invita a una puesta en escena en la que interfieren elementos que dan sentido a una narración que a continuación intentaré que imaginen.

La propuesta nos permite ser parte de un espacio en común repleto de objetos como máquinas de escribir, láminas colgadas en las paredes con tizas para anotar-dibujar-rayar, cuadernos, carteles preguntando “¿Qué son las cosas?”  y otro más que, a mi particularmente me dejó pensando, “Al fin los finales son el fin”. El formato de esta primera instancia, de este primer espacio común, es una exposición de objetos de época que nos invita a observar y dialogar de alguna forma con esos elementos, que remiten a otros tiempos y también, al abandono, la resiliencia, la belleza, lo emotivo, lo olvidado. ¡Cuánto te puede generar un objeto inerte cuando te permitís detenerte y darte tiempo para observar!

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Al continuar avanzando, se presenta otro espacio con una propuesta algo más clásica, una puesta en escena, un público ya acomodado. La ubicación en la parte del fondo, al medio, resulta ser una excelente locación para apreciar a la actriz desde el momento de su ingreso  hasta el espacio teatral, que más que un escenario convencional, es un dispositivo-plataforma escénico móvil. Ella se dispone en el medio para poder mover los objetos escultóricos de manera visible y así lograr que la obra trascienda de forma orgánica y mágica. Nada le hace ruido al ojo del espectador porque Silvina sabe cómo vincularse con los objetos y narrar poéticamente un retazo de su memoria-corazón, una ventana (donde yo vi una casa gigante color amarillo), unas canastas de mimbre con diferentes partes de algún cuerpo de títere de mesa (que a mí me representaban pájaros). Y ahí, suceden varias transformaciones con tendencias antropomórficas, desde un nacimiento hasta una muerte, que interpelan y logran hacer transitar varios estados anímicos, sensaciones incómodas, estrafalarias, amorosas, simpáticas, dolorosas, insólitas e impresionantes, que en conjunto, generan un nivel de presencia importante para la propuesta. Lograr plasmar algo tan profundo e intenso, intangible como los tiempos y el transcurrir de la vida puede resultar impracticable, pero en este proyecto se da naturalmente.

La obra no es precisamente lineal y literal, esto produce muchas posibilidades de interpretación según cada espectador. La atmósfera abraza a lo íntimo, lo cálido, lo bello, lo raro o diferente, también a lo nostálgico, pero finalmente, todo con un gustito poético, onírico y fantástico, condimentos invisibles del existencialismo mismo.

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Mientras la propuesta trasciende, sacude, despierta, pone la piel de gallina, genera nostalgia, impulsa a observar la vida, a sentirla, apreciarla y sonreírle. Logra asimismo, vincular a quien la ve con su propia historia, su percepción personal de ella ¡Cuántas posibles percepciones podríamos descubrir del transcurrir de los días que pesen menos a como se impregnan en nuestro cuerpo!

El abordaje de Silvina, genera algo similar a estar frente al espejo y simplemente observarse. Recordar (recordis; volver a pasar por el corazón); la memoria emotiva -y no la de Stanislavsky precisamente-, como disparador donde cada individuo recapitula e interpreta desde sus propias vivencias. Una vez leí que dos espejos enfrentados representan el tiempo y el espacio en su forma más pura, y algo así logra la creadora de ¿Qué son las cosas?. La temporalidad en que transita la obra la artista, consigue generar una entrega a la experiencia de vivenciar, de sentir el tiempo pasando, la transformación, los procesos, lo que queda para siempre y lo que simplemente pasa como agua de río, fluyendo; también lo que aterra e impresiona del ser humano. 

Mi entrega ha sido tal que he sentido mover toda la estantería interna que intentaba mantener quietita fingiendo demencia ante una realidad tan hostil. Me ha ecualizado  sumergirme en este mundo donde lo único real y definitivo es la presencia. Ejercitar la memoria es fundamental para encontrarle sentido a la vida, a los valores, a la pertenencia;  porque somos historias, y eso es lo que nos encuentra los unos a los otros, nuestras propias historias narradas que se encuentran, se cruzan y así empatizamos muchas veces.

La actriz construyó absolutamente todo, hasta el más mínimo detalle escénico es plasmado  por ella. Es una incansable, una inquieta. Creó un posible universo que decidió compartirlo con la comunidad. Y se agradece su más profunda sensibilidad para recordarnos lo vivos que estamos, que la vida continua y que también tiene un fin.

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¿Qué son las cosas?

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