Microbiana

¡Podés escuchar la nota acá!

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Miradas con un objetivo claro: lograr una edición totalmente autogestiva, cooperativa, artesanal e independiente

Nuestra herramienta fundamental: la creatividad aplicada, no solo en la búsqueda de un lenguaje, sino también, en la gestión de los recursos disponibles materiales y comunicacionales necesarios para lograr concretar un proyecto complejo en un contexto marcado por el COVID-19. 

La pandemia movió el tablero y las reglas cambiaron por completo. Artistas de diferentes disciplinas nos replanteamos nuestras prácticas. Algunas con mayores problemáticas que otras. Seguir estimulando nuestra posibilidad creadora ha sido algo de lo que hablamos frecuentemente, cómo adaptarnos y seguir trabajando en nuestros quehaceres culturales. 

A comienzos del 2020, en medio de la incertidumbre en que estábamos sumergidas, nos escribió Mariana Calcumil para invitarnos a pensar juntas un proyecto colaborativo, algo lúdico, un libro objeto. Ella, quien habita el campo de las artes escénicas, en pandemia se volcó de lleno a la escritura. En ese impulso, nos invitó a trabajar en este proyecto. Le dijimos que sí al toque. Hablamos de la necesidad creativa, de la necesidad de juntarse, la necesidad de grupas de mujeres y la posibilidad que se abría con esto de la virtualidad de reunirse con compas de otros lugares. 

En una primera instancia, se trataba de un trabajo de interpretación mutua: Mariana compartía los escritos, Silvia presentaba las imágenes que le despertaba cada texto y Lupe se encargaba de buscar una forma de unir los conceptos visuales y escritos en una propuesta de libro artesanal lúdico, interactivo, abordado desde la experimentación con la materia y sus posibilidades. 

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Fotografías de Ana Loto

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En tiempos de distanciamiento, el trabajo colectivo nos fortaleció en la distancia. Primero, trabajamos individualmente para después mostrar nuestros avances y hacer intercambios por videollamada. Este proceso se repitió muchísimas veces hasta poder concretar el proyecto. Trabajamos muy bien juntas. Nos respetamos los tiempos, y compartimos decisiones.

Finalmente, el diseño elegido para el libro resultó ser de pequeño formato, compuesto por diez tomos, cada uno con su correspondiente ilustración. El compendio de libritos tiene como continente una caja desplegable en la que se encuentra un hermoso prólogo escrito por Maite Aránzabal. Está todo realizado de manera artesanal, sin costuras, con el papel plegado de tal manera que deja aparecer las ilustraciones y el texto a medida que se abre. 

Una vez terminadas las maquetas nos dispusimos a concretar el trabajo. Resultó fundamental el apoyo de la comunidad. La gente compró de manera anticipada su librito, y con ese dinero pudimos invertir en la materialización de la idea. 

Todo nuestro trabajo fue totalmente horizontal, autogestivo y artesanal.  Generamos lazos y crecimiento mutuo. No es casual que sea un laburo independiente y autogestivo, esto de ser mujeres habla de lo colectivo, de lo colaborativo, nos es propio. Es una manera de plantarse frente a un sistema patriarcal verticalista. 

Emociona ver cómo nos encontramos, cómo nos vamos cruzando en otros lugares y otros proyectos. Formamos parte de una gran trama,  como si todas estuviéramos conectadas, como si fuéramos hebras de lana de una gran manta que nos cobija. 

Estamos muy contentas de lograr esta hermosa meta ¡brindamos por Microbiana! ¡Y por las grupas! ¡Salú! 

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Las opiniones y comentarios desarrollados en esta publicación responden a la subjetividad de lxs autorxs que participan.