La libertad del otre 

¿Quién es LeGón? 

Mi nombre es Gonzalo. En mi vida diaria soy Gonza. Soy de la ciudad de Esperanza, provincia de Santa Fe. Nací y viví casi toda mi vida ahí, hasta los 28 años que me vine a Capital Federal. Mi vida está atravesada por el folclore, a los diez años empecé a bailar y no he dejado de relacionarse con la danza. Estoy incursionando en el Drag desde hace un tiempo, y metiéndolo al folclore, que ha atravesado mi infancia, adolescencia, y mi adultez, así que ahora estoy haciendo un poco de escándalo con eso. 

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¿Cómo llega la danza a tu vida, y más específicamente el folclore? 

De chico era una persona muy inquieta, muy, muy insoportablemente inquieto. Siempre mi mamá me mandaba a hacer actividades por fuera de la escuela, para calmar al niñe. Primero fui a fútbol, después a piano. Imaginate a mi haciendo fútbol. Era un montón, me mandaban al arco porque no agarraba una. Un día mi mamá me dice que basta, porque dejaba todo, no tenía continuidad. Entonces, súper decidido por primera vez le digo a mi mamá que quería hacer folclore. Todo esto porque había visto en un acto a un grupo de danza. Ahí mi vieja me dijo que era lo último que iba a probar y que no tenía que dejarlo nunca. Por supuesto que así fue. 

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¿Y qué fue lo que te hizo no dejarlo? 

Empecé a descubrir que era un lugar que me generaba cierta libertad porque podía expresar con el cuerpo muchas cosas, porque era muy inquieto pero para adentro, y ahí encontré mi espacio.  Me preguntaba y repreguntaba cosas, porque a los seis o siete años ya me dí cuenta que me gustaban los nenes, desde un lugar muy tierno y con un gran dilema, pero con mucha inocencia. Pensaba cómo habrán sido estos gauchos, si les habrá pasado lo mismo que a mí. Y todos estos interrogantes estuvieron muchos años. Con el paso del tiempo incursioné en clásico, contemporáneo, jazz, pero siempre para sumar y complementar al folclore. 

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Viste que lo que uno elige desde el corazón es diferente, se queda. 

Sí, claro. Yo empecé a bailar a los diez años y durante todo este tiempo atravesé un gran descubrimiento desde lo corporal. 

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Fotografía de Christián Madarieta /@phmadarieta

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¿Cómo tomás la decisión de ir a estudiar danza a Capital? 

Primero fui a estudiar el Profesorado de Danzas Folclóricas en Santa Fe capital, pero vengo de una familia muy humilde e irse a estudiar implicaba también trabajar para poder sostener eso. Así, tuve un pasaje por el profesorado donde iba y venía, y terminé abandonando. Volví a mi ciudad y empecé a dar talleres y llegué a tener como 100 alumnes, y después de dos años me di cuenta que necesitaba enriquecer los conocimientos que tenía y decidí irme a Buenos Aires. Vendí todo y me fui a estudiar a la UNA (Universidad Nacional de las Artes). 

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Me imagino que la gran ciudad te permitió habitar otros espacios, ¿tuvo que ver con tu comienzo en el Drag Queer? 

Me gusta que me preguntes por el Drag Queer, punto muy importante, porque todo el mundo me dice Drag Queen, pero yo hago más Queer que Queen. En el queen buscaría más la femineidad, parecerme completamente a una versión femenina, hegemónica y demás, pero yo hago un gauche decontruido, sino haría una paisana. Como que tengo esa  ambigüedad entre lo femenino y masculino en el Drag. Mis comienzos fueron en una fiesta Drag Queen, una amiga,me dice que una bailarina le avisó que no podía ir, y le dije que yo quería ir. Tenía que bailar una chacarera y yo no tenía idea que era el Drag pero me tiré a la pileta, y cuando llegué al lugar me encontré con unas mostras todas montadas. Para mí fue todo una locura. Quedé maravillado. Me pusieron glitter en la barba, la pollera, la remera y así, empecé a conocer el ambiente, me pareció super amoroso. Esa fiesta era “La Fuega”, y ahí fue mi primer acercamiento. 

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¿Ahí nace LeGón? 

Sí, luego en la pandemia una organización que mueve todo el folclore disidente me invita para que vaya a bailar montada y voy en un mix: tipo corsette pero botas, bombacha y sin peluca, solo sombrero, y ahí me encuentro con Legón gauche, que siempre lo había querido hacer pero nunca me animaba, o no encontraba la forma, y ahí me di cuenta que era por ahí el camino y empecé a sentir mucha empatía con la gente del ambiente. Hace un mes se cumple un año de LeGón como gauche deconstruíde. Vienen pasando un montón de cosas en muy poco tiempo y estoy en ese viaje hermoso, incursionando, interpelando ciertas cosas de mi infancia, o viendo todos los aprendizajes que tuve desde el folclore y reutilizando para transformar y seguir en ese camino de decostruir. 

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Hablando de deconstrucción en nuestro ámbito y en general, ¿cómo ves a la sociedad en relación a la perspectiva de género y a la equidad de derechos hacia el colectivo LGBTIQ+? 

Profunda la pregunta (se hace un silencio, Gonza se sirve un mate, piensa un rato). Lo que percibo, en cuanto a mi experiencia, es que se está visibilizando un montón de cuestiones que antes no se mostraban, o se tenían miedo de hacer porque era un sociedad más cerrada. Creo que en muchos sentidos lo es todavía, porque el hecho de que se visibilicen no quiere decir que todes tengan los mismos derechos, creo que todavía falta muchísimo. Sin embargo, creo también que se vienen logrando muchas cosas, pero hay muchas cuestiones sin resolver, como por ejemplo la ley del cupo laboral trans, que por más que esté la legislación en la vida real no se manifiesta. Así con muchas cuestiones. En cuanto a las artes del movimiento, si bien estoy en Capital, varies amigues me cuentan que en los lugares más chicos falta mucho más aún. Acá en Capital está todo más tranqui. Está la Peña Folclorazo Queer, que es un espacio donde la gente que curte el folclore y no encuentra sus espacios en las otra peñas porque son discriminades o ignorades, o se los trata con violencia porque no son parte de esa imagen tradicionalista, patriarcal y hegemónica, se encuentran contenidos. En mi caso es como mi casa, donde hice mi primer show público. Es un lugar maravilloso.

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Fotografía de Eli Marchini /@elina_ems

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¿Es una peña que funciona siempre en el mismo espacio?

Es una peña que cambia de lugares. En breve cumple tres años. Es un espacio hermoso, amoroso, que invita a todes a que participen. Podés bailar toda la noche y viene gente de todos lados. 

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¿Siendo bailarín cómo te sentís en los diferentes espacios? 

Viste que nosotres, les bailarines, siempre quedamos allá abajo dentro de les artistes. De alguna forma nos llaman para renellar algo, qué sé yo. Les bailarines tenemos un montón de arte para mostrar y ahora te metí escandalo con les musiques (risas). Creo que el rol del bailarin es más difícil pero imaginate si sos queer, no binario, trans. Ufff. Yo hago arte, artivismo, desde mi postura artística trato de reflejar una idea pero no la impongo. Hay gente que le va a gustar y otra que no. Gente a la que le va a asustar, gente a la que le va a generar nuevos disparadores para hacer otras cosas, o pensar en otros puntos de vista para lograr un lugar mejor. Hago esto porque quiero una sociedad más amable para nuestros niñes, para nosotres. Yo no quiero ser una diosa viva y estar en un escenario mayor y pensar si gano plata o no. Como joven he sufrido discriminación, bullying, maltratos por ser gay, porque me gustaba bailar, porque me juntaba con las chicas y demás, y está bueno que esto no se repita con las futuras generaciones. ¡A la gente le da mucha inseguridad la libertad del otre! 

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¿Qué  nos podés contar acerca de la figura histórica y tradicional del gaucho, esa imagen fuerte, masculina, patriarcal, en relación al camino de transformación y deconstrucción que estás transitando?

Me hace ruido. Está un poco desactualizado en esto de que el gaucho debe seguir siendo el macho, y que someta a la mujer. ¿Es eso parte de nuestra historia? Sí, pero hay que repensar esa estructura del gaucho, por eso yo me percibo gauche como para deconstruir la palabra. Yo no quiero romper la imagen del gaucho, sino decostruirla y generar nuevos disparadores, así como también se está resignificando la imagen tradicional de la paisana. El folclore al ser tan popular está muy presente en todos lados y en todas las edades. Hay que desnaturalizar esa figura del gaucho desde todos lados. LeGón en parte lo hice por mi, por el Gonzalo de la infancia, para poder expresar libertad en esto que venimos reprimiendo muches de cómo queremos ser sin molestar a nadie. Estoy muy feliz y me encuentro con estas cosas maravillosas como esta entrevista que para mí es un montón. Con mi Drag busco todo eso, empezar a fluir entre ambos géneros. Es un gaucho del futuro, donde no se cuestione el género, sino la libertad.

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Fotografía de@franniifrost

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¿Qué mensaje dejarías para les estudiantes y docentes del IUPA?

¡Qué responsabilidad! Creo que para empezar a romper estructuras, primero hay que adquirir el conocimiento de nuestro pasado y nuestros antecesores, enriquecernos, y luego transformarlo. Eso es lo más rico: deconstruir algo pero que sabés que lo venís elaborando y cuestionando, y todo lleva su proceso y un tiempo. Lo más importante es aprender de nuestra historia, de los saberes populares, del pueblo, para ir formando y transformando nuestro folclore. Esto debería ser algo constante, que va cambiando y mutando en sus costumbres y tradiciones para crear una sociedad más amable. Es fundamental vivir sin odio, con más libertad y amor. No nos olvidemos del pasado pero hagamos un futuro mejor, no repitamos la parte fea de la historia, es un camino difícil pero vale la pena intentarlo. 

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Marcelo Licciardi / @chelolicciardi

Bailarín profesional, coreógrafo y estudiante del profesorado de Danzas Españolas en IUPA. Un apasionado de la danza y el arte, actualmente bailando folclore y flamenco. Amante de los animales y los paisajes del valle. Un optimista de la vida.

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* Fotografía de portada (detalle) y de pie de nota: Sebastián Freire /@freiredelink

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Las opiniones y comentarios desarrollados en esta publicación responden a la subjetividad de los autores que participan.