Mostrar lo que no se ve

Por: Bruno Mogni y Mauricio Javkin

Enseñanza del lenguaje audiovisual a personas con discapacidad visual: notas de una experiencia de campo extensionista.

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Túnel del tiempo. Tocamos a las puertas de ADANIL allá por el año 2012, llevábamos una propuesta de un taller audiovisual reformulada de una precedente llevada a cabo en otros marcos educativos: Un minuto por mis derechos. Una oportunidad de dar voz a adolescentes en situación de vulnerabilidad social, a partir de herramientas del lenguaje audiovisual, para condensar en un video de un minuto de duración una problemática referida a sus derechos.

Primer encuentro. No habíamos “desensillado” todavía cuando, así, en frío nomás, Luis nos interpeló: “¿Y cómo piensan ustedes que vamos a aprender a hacer un video, si somos ciegos?”.

Buena pregunta la de Luis. 

Recuerdo haberle contestado, en nombre del equipo, que no teníamos en ese momento una idea clara de cómo lo haríamos pero que, seguramente, implicaría conocernos, una apertura al diálogo y el intercambio mutuo de saberes. 

Como docentes hay un factor común a nuestras prácticas que nos unifica: la planificación. Pero la planificación que traíamos no servía de mucho, debíamos adecuarla… no sabíamos bien cómo, lo averiguaríamos. Lo que fuera aquel camino, lo transitaríamos juntos y construiríamos ese conocimiento desde nuevos lugares, reformulando las propuestas, adecuándonos a nuevas formas.

El relato de esta experiencia tiene mucho que ver con nosotros, con el IUPA, la comunidad educativa, el extensionismo universitario, el modelo social de la discapacidad y una visión incluso superadora de este modelo: el de la diversidad.

¿Qué enfoque adoptamos y de qué nos dimos cuenta? 

Desde esta perspectiva, ya no hablamos de una persona con un impedimento o una deficiencia, sino que miramos a una sociedad que no habilita las políticas de accesibilidad necesarias para que las personas con una diversidad funcional puedan desarrollar su vida en pleno ejercicio de sus derechos constitutivos, lograr bienestar y desarrollarse personalmente. 

Jenny Morris, reconocida activista feminista discapacitada escritora/investigadora independiente, señala: “Una incapacidad para caminar es una deficiencia, mientras que una incapacidad para entrar a un edificio debido a que la entrada consiste en una serie de escalones es una discapacidad”.

Desde nuestra perspectiva: una incapacidad para ver es una deficiencia, mientras que una incapacidad para acceder a un contenido audiovisual o a los medios para realizarlo, debido a que los mismos no son concebidos bajo criterios de accesibilidad, es una discapacidad.

La experiencia 2012

Aquel primer año fue conocernos, dialogar. ¿Cómo percibiría el mundo que lo rodea una persona con una diversidad funcional visual? Nos despojamos del tiempo y escuchamos. De esta instancia rescatamos los primeros lineamientos para comenzar a trabajar la cuestión del lenguaje audiovisual. Como primera gran enseñanza, aprendimos que las personas ciegas tienen una memoria táctil fascinante y nos valimos de esta información para que conocieran los distintos mecanismos de una cámara y su funcionamiento. 

Ligado a esto, comprendimos que adquieren gran parte de los nuevos conocimientos por la experiencia corporal. Así como en ocasiones decimos de una persona vidente que determinado estímulo (información) ”le entra por los ojos”, de un no vidente diremos que “le entra por el cuerpo”, por mediación de las texturas, los aromas, los sonidos y una agudeza fenomenal (amplificación), en muchos casos, de los sentidos propio e interoceptivo.

Con esto en cuenta, ensayamos transmitir conceptos del lenguaje audiovisual con ayuda de otras disciplinas artísticas. Por ejemplo: danzamos distintos tamaños de planos, moviendo sólo la cabeza para un primer plano o de la cintura para arriba, para un plano medio largo y así variando. 

En la medida que avanzábamos algunas de estas adecuaciones funcionaron mejor que otras. Fue importante el intercambio de conocimientos, ese “diálogo de saberes”, para encontrar caso a caso la mejor opción adaptada al grupo. 

En paralelo a las cuestiones “técnicas” abrimos el debate a temas de su interés para perfilar un guión y llevar a cabo el registro audiovisual. Para la elaboración de este guión escuchamos radioteatros a fin de transmitir una estructura base de guión de introducción, desarrollo-nudo y desenlace.

Desde la oralidad, se acordó un guión colectivo: un breve relato de cómo vivencian las personas ciegas el hecho de cruzar una calle. Concretamente, el vídeo mostraba como una persona ciega está cruzando la calle y un automovilista (ciego él) no tiene reparos en avanzar con el coche sobre ella al mismo tiempo que le grita para que apure su marcha. 

Los participantes del taller querían demostrar en el video, que los verdaderos ciegos son los automovilistas que circulan de manera imprudente. 

Llegada esta etapa del año, habíamos trabajado de manera ordenada e inclusiva, pero fue en el momento de la muestra final, la proyección del corto, que evidenciamos que la producción no era accesible, ya que buena parte del público espectador era no vidente y el cortometraje no contaba con una audiodescripción adecuada. 

Por supuesto que tomamos nota de lo sucedido para mejorar la propuesta al año siguiente.

Experiencia 2013

Teniendo en cuenta la situación del año anterior y siendo los mismos participantes, la renovada propuesta fue que este nuevo registro audiovisual fuera concebido desde un criterio amplio de accesibilidad vinculada al lenguaje audiovisual en cada etapa de su desarrollo. Se acordó incorporar el recurso traductor de la audiodescripción desde el inicio mismo de la elaboración del guión, lo cual facilitó un proceso posterior de traducción más orgánico entre la idea original y el relato oral audiodescriptivo. 

Esa idea original fue, para esta ocasión, la de realizar una salida recreativa a la casa de uno de los participantes del taller que hasta entonces vivía solo, algo así como una adaptación del Periplo del Héroe con matices tragicómicos.

En esta experiencia se dio cuenta de una audiodescripción algo distinta a la normanda, que buscó acercarse más fielmente a las sensaciones del protagonista del video para de esta forma brindar mejor información al espectador. Llamamos a este nuevo modo “audiodescripción sensible”

Diálogo entre experiencias y alguna conclusión parcial

Más adelante y más cercanas en el tiempo hay muchas otras experiencias, realmente reveladoras y apasionantes de estudiar, comentar y compartir. Entre todas ellas, la más nos atrae es la de Mi Cine Inclusivo, que tiene base en la ciudad de Barcelona, España y trabaja hoy día una verdadera versión 2.0 de aquello que nosotros iniciamos tan tímida como apasionadamente tantos años atrás. Mi Cine Inclusivo refleja todo aquello que está bien a la hora de pensar en producciones audiovisuales accesibles y, por extensión, todo aquello que es posible llevar adelante blandiendo el lenguaje audiovisual como herramienta.

En lo que se refiere a las experiencias en ADANIL, el recorrido de aquel par de años iniciales, fue modelador de la forma de llevar adelante el taller a lo largo de los años por venir. En el camino, ningún “descubrimiento” técnico resultó más significativo como la audiodescripción no sólo como elemento traductor inter semiótico, de la imagen audiovisual a la imagen sonora, sino como dispositivo presente desde y para la creación del discurso audiovisual en contextos de accesibilidad. Aunque, claro es que, por sobre la cuestión técnica específica, hay un aprendizaje que desde entonces nos acompaña e interpela muy de cerca a nivel profesional y personal y lo hará a lo largo de toda nuestra vida.

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Las opiniones y comentarios desarrollados en esta publicación responden a la subjetividad de lxs autorxs que participan.