Kerosene de lo posible

Atención, muchachos y muchachas,

ustedes que aman pero no lo saben,

todavía pueden estar a tiempo:

es mentira que todas las posibilidades existen,

son puras patrañas los destinos

que fogonea la duda,

tengan paciencia,

resistan,

verifiquen cada pozo de la galaxia,

porque en el entretiempo,

mientras se clonan primaveritas,

el amor se va en silencio,

paulatinamente lúcido,

con la dignidad de los exiliados

y la fuerza total de los que resucitan.

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Leandro Gabilondo / @leandrogabilondo

Nació en Arrecifes en 1985. Vivió y estudió Letras en Rosario, pero desde 2007 se radicó en Buenos Aires y siguió la carrera en la UBA. Se gana la vida como redactor y fue colaborador del periódico Miradas al Sur, La Perla del Oeste (revista de la Universidad de Hurlingham) y de Ni un paso atrás (revista de Madres de Plaza de Mayo). Entre sus publicaciones podemos mencionar Delivery con lluvia, poesía, Espiral Calipso, 2012. Retiro, poesía, Espiral Calipso, 2013. La pertenencia, relatos, Espiral Calipso, 2015. Kerosene de lo posible, poesía, Caleta Olivia, 2017. Treinta, poesía, Larvas Marcianas, 2017. Falta una vida para el verano, novela, Indómita luz, 2018. Creo que nunca me voy a poder comprar una casa, poesía, Abre Cultura, 2020. Barrio Las Flores, poesía, Abre Cultura, 2021. Me hace ilusión, novela, Abre Cultura 2022.

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El silencio de una imagen

Viviana Portnoy es artista visual egresada de la Escuela Nacional de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredón. Fotógrafa, docente, investigadora en IUPA y UNRN. Nace en Bs. As. y vive en Gral. Roca desde 1994. Gran parte de su obra carece de tiempo y presencia humana /// IG: @vivianaportnoy

La mirada queda detenida en los horizontes calmos en la serie Casi en el cielo.

El alma se estruja al ver cómo han muerto de pie los Árboles de sal.

Y desde esos espacios de silencio llegamos a otros espacios que nos muestran lo silenciado en la serie Espejismos.

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Cerrar los ojos es hacer hablar la imagen en el silencio

Roland Barthes

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Viviana observa con esa calma necesaria en este mundo acelerado, se detiene y nos detiene a un momento meditativo, para ver y no sólo mirar, regalándonos un silencio que nos habla de ella, pero también que nos interpela en la vorágine cotidiana y nos sumerge de pronto en la contemplación.

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– En la serie Casi en el cielo, vemos grandes espacios, amplios horizontes que nos trasladan a un momento meditativo y de reflexión. ¿Estaba el silencio presente de manera consciente en el momento de realizar las imágenes?

– Creo que me aproximo al silencio en el momento de la toma, y luego se revela un mundo silencioso. Un silencio que nos atraviesa y nos envuelve. Tal vez sean fotos capaces de irradiar quietud y calma. Son espacios “vacíos” donde el tiempo se detiene. Muerte silenciosa del instante, cuando el ojo percibe algo que abre una grieta en el sonido y un espacio mínimo en el horizonte que es el límite casi imperceptibles con el cielo. En la espera meditativa caen velos que permiten contactarnos con nosotros mismos, estar receptivos, concentrarnos, encontrarnos.

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Serie Casi en el cielo / Fotografía digital / 60 x 80 cm / 2014

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– En Árboles de sal descubrimos la calma después de la inundación, la mirada es de quien llega una vez que la tormenta ha pasado. ¿Qué fue lo que te motivó a fotografiar ese lugar?

– Como dice Murakami…¨la tormenta no es algo que venga de lejos y no guarde relación contigo. Esta tormenta, en definitiva, eres tú. Es algo que se encuentra en tu interior. Lo único que puedes hacer es resignarte, meterte en ella de cabeza, taparte con fuerza los ojos y las orejas para que no se te llenen de arena e ir atravesándola paso a paso”. Llegué a Epecuén (en 2010) por azar, sin saber lo que iba a encontrar, fue una parada en el camino rumbo a Buenos Aires.  El lugar remite a una zona devastada, y silenciosa, tras la tormenta. Las ruinas son un vestigio de civilización, de cultura arrasada por la inundación, que transformó el paisaje. Un sitio más allá de lo real que continúa con sus árboles de sal remitiendo a lo ausente, lo quebrado, lo oxidado, pero no al olvido. Me centré en dar protagonismo al vestigio, la descomposición de los objetos por el agua. Los árboles como estatuas de sal, signos y metáforas de una migración obligada. Vuelven la vista hacia atrás añorando un pasado de esplendor. Mundo monocromo en mi mente luego de repensar las imágenes. Un lugar de autorreflexión, de meditación, de introspección, que me atrapó desde el primer instante, permitiéndome escuchar el murmullo de las cosas… sentir de pronto que todo es fugaz. Volví tres veces luego al lugar… algo me hace volver allí, y en cada paso el paisaje ha cambiado… el agua se retira, surgen nuevas formas, nuevos hallazgos… Dice la leyenda que Carhué enfermó raramente y Epecuén, desconsolada, en una noche de luna llena comenzó a correr lejos y cada vez más lejos de su tienda hasta que cayó al suelo y de tanto llorar por su amado, sus lágrimas se convirtieron en una inmensa laguna que la fue haciendo desaparecer en su interior.

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Serie Árboles de sal / Fotografía digital / 50 x 70 cm / 2010

*La laguna de Epecuén es conocida por su alta concentración salina, diez veces superior al porcentaje presente en el mar. Sus aguas se aprovechan para combatir depresión, afecciones reumáticas y de piel y agotamiento psicofísico. La ciudad de Carhuése encuentra a orillas de esta laguna.

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– Meditar es poder encontrar el espacio vacío entre dos pensamientos. ¿Encontrás como fotógrafa esa conexión con el aquí y ahora al momento del disparo?

– Es un instante, una fracción de segundo, donde se da un estado místico, de mente en blanco volviendo en silencio sobre nosotros mismos. Las fotografías contienen todo un mundo. A modo de espejo, de puerta en el espacio – tiempo. Como refiere Bresson, se establece un equilibrio entre el mundo interior y el exterior. Hay que pensar antes y después, jamás mientras se fotografía. La imagen es la proyección de la personalidad del fotógrafo. En un mundo colmado de ruido, el silencio irrumpe por un instante.

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– Hay otra relación con lo no dicho en la serie Espejismos, pienso que el silencio puede ser buscado, pero a veces también puede ser impuesto. Descubrimos en esas imágenes parte de nuestra historia que fue silenciada.

– Espejismos es una visión personal de lo acallado, lo indecible o no dicho. De posibles silencios donde poder encontrar significados no explícitos. Omisiones pensadas. Percibir y mirar lo ausente, lo omitido. Un silencio no acústico sino conceptual. El silencio impuesto. El silencio de los historiadores. En esta serie reflexiono acerca de la ausencia de imágenes en el relato histórico respecto a la Conquista del Desierto, que puede dar lugar a la reproducción de formas de violencia simbólica. La imagen como agente de creación de la memoria colectiva podría ser una herramienta para recuperar y transformar los procesos históricos de representación de nuestra cultura. El paisaje y la aparición o visibilización de lo silenciado surge en esta obra dando lugar también a una  intersección de temporalidades. Hacer aparecer una imagen tiene que ver con un discurso social y político y una acción transformadora.

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Serie Espejismos / Fotomontaje digital / 110 x 50 cm / 2015

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– ¿Qué se puede oír en una imagen?

– Click! La voz del silencio. Eterno presente. Cortes, fragmentos, emociones, recuerdos, paisajes, rostros, poesía… Las imágenes fotográficas son mensajes. Son un medio de expresión. Tienen para mí además un carácter mágico, nos posibilita múltiples encuentros y nos ayuda a repensar la existencia. Podemos vernos, podemos escucharnos. Dejemos que las imágenes hablen por sí mismas… Tanto la ausencia de sonido como la fotografía rememoran la muerte, lo que deja de existir. El silencio invita a escuchar la vida y el mundo. El silencio absoluto no existe. Nunca estamos callados por completo.

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El silencio no es tiempo perdido…

Gustavo Cerati

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Verónica Roig / @veronicaroig

Hice mis primeros pasos en fotografía viviendo en La Plata. Luego estudié Cine y Nuevos Medios en el INSA, en las primeras camadas… Trabajé como reportera gráfica y editora en el Diario Río Negro ocho años. Hace tres años soy docente en el IUPA, dentro del Departamento de Audiovisuales.

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* Tanto esta imagen como la de la portada son detalles de las obras de la Serie Casi en el cielo

Las opiniones y comentarios desarrollados en esta publicación responden a la subjetividad de los autores que participan.

La libertad del otre 

¿Quién es LeGón? 

Mi nombre es Gonzalo. En mi vida diaria soy Gonza. Soy de la ciudad de Esperanza, provincia de Santa Fe. Nací y viví casi toda mi vida ahí, hasta los 28 años que me vine a Capital Federal. Mi vida está atravesada por el folclore, a los diez años empecé a bailar y no he dejado de relacionarse con la danza. Estoy incursionando en el Drag desde hace un tiempo, y metiéndolo al folclore, que ha atravesado mi infancia, adolescencia, y mi adultez, así que ahora estoy haciendo un poco de escándalo con eso. 

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¿Cómo llega la danza a tu vida, y más específicamente el folclore? 

De chico era una persona muy inquieta, muy, muy insoportablemente inquieto. Siempre mi mamá me mandaba a hacer actividades por fuera de la escuela, para calmar al niñe. Primero fui a fútbol, después a piano. Imaginate a mi haciendo fútbol. Era un montón, me mandaban al arco porque no agarraba una. Un día mi mamá me dice que basta, porque dejaba todo, no tenía continuidad. Entonces, súper decidido por primera vez le digo a mi mamá que quería hacer folclore. Todo esto porque había visto en un acto a un grupo de danza. Ahí mi vieja me dijo que era lo último que iba a probar y que no tenía que dejarlo nunca. Por supuesto que así fue. 

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¿Y qué fue lo que te hizo no dejarlo? 

Empecé a descubrir que era un lugar que me generaba cierta libertad porque podía expresar con el cuerpo muchas cosas, porque era muy inquieto pero para adentro, y ahí encontré mi espacio.  Me preguntaba y repreguntaba cosas, porque a los seis o siete años ya me dí cuenta que me gustaban los nenes, desde un lugar muy tierno y con un gran dilema, pero con mucha inocencia. Pensaba cómo habrán sido estos gauchos, si les habrá pasado lo mismo que a mí. Y todos estos interrogantes estuvieron muchos años. Con el paso del tiempo incursioné en clásico, contemporáneo, jazz, pero siempre para sumar y complementar al folclore. 

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Viste que lo que uno elige desde el corazón es diferente, se queda. 

Sí, claro. Yo empecé a bailar a los diez años y durante todo este tiempo atravesé un gran descubrimiento desde lo corporal. 

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Fotografía de Christián Madarieta /@phmadarieta

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¿Cómo tomás la decisión de ir a estudiar danza a Capital? 

Primero fui a estudiar el Profesorado de Danzas Folclóricas en Santa Fe capital, pero vengo de una familia muy humilde e irse a estudiar implicaba también trabajar para poder sostener eso. Así, tuve un pasaje por el profesorado donde iba y venía, y terminé abandonando. Volví a mi ciudad y empecé a dar talleres y llegué a tener como 100 alumnes, y después de dos años me di cuenta que necesitaba enriquecer los conocimientos que tenía y decidí irme a Buenos Aires. Vendí todo y me fui a estudiar a la UNA (Universidad Nacional de las Artes). 

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Me imagino que la gran ciudad te permitió habitar otros espacios, ¿tuvo que ver con tu comienzo en el Drag Queer? 

Me gusta que me preguntes por el Drag Queer, punto muy importante, porque todo el mundo me dice Drag Queen, pero yo hago más Queer que Queen. En el queen buscaría más la femineidad, parecerme completamente a una versión femenina, hegemónica y demás, pero yo hago un gauche decontruido, sino haría una paisana. Como que tengo esa  ambigüedad entre lo femenino y masculino en el Drag. Mis comienzos fueron en una fiesta Drag Queen, una amiga,me dice que una bailarina le avisó que no podía ir, y le dije que yo quería ir. Tenía que bailar una chacarera y yo no tenía idea que era el Drag pero me tiré a la pileta, y cuando llegué al lugar me encontré con unas mostras todas montadas. Para mí fue todo una locura. Quedé maravillado. Me pusieron glitter en la barba, la pollera, la remera y así, empecé a conocer el ambiente, me pareció super amoroso. Esa fiesta era “La Fuega”, y ahí fue mi primer acercamiento. 

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¿Ahí nace LeGón? 

Sí, luego en la pandemia una organización que mueve todo el folclore disidente me invita para que vaya a bailar montada y voy en un mix: tipo corsette pero botas, bombacha y sin peluca, solo sombrero, y ahí me encuentro con Legón gauche, que siempre lo había querido hacer pero nunca me animaba, o no encontraba la forma, y ahí me di cuenta que era por ahí el camino y empecé a sentir mucha empatía con la gente del ambiente. Hace un mes se cumple un año de LeGón como gauche deconstruíde. Vienen pasando un montón de cosas en muy poco tiempo y estoy en ese viaje hermoso, incursionando, interpelando ciertas cosas de mi infancia, o viendo todos los aprendizajes que tuve desde el folclore y reutilizando para transformar y seguir en ese camino de decostruir. 

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Hablando de deconstrucción en nuestro ámbito y en general, ¿cómo ves a la sociedad en relación a la perspectiva de género y a la equidad de derechos hacia el colectivo LGBTIQ+? 

Profunda la pregunta (se hace un silencio, Gonza se sirve un mate, piensa un rato). Lo que percibo, en cuanto a mi experiencia, es que se está visibilizando un montón de cuestiones que antes no se mostraban, o se tenían miedo de hacer porque era un sociedad más cerrada. Creo que en muchos sentidos lo es todavía, porque el hecho de que se visibilicen no quiere decir que todes tengan los mismos derechos, creo que todavía falta muchísimo. Sin embargo, creo también que se vienen logrando muchas cosas, pero hay muchas cuestiones sin resolver, como por ejemplo la ley del cupo laboral trans, que por más que esté la legislación en la vida real no se manifiesta. Así con muchas cuestiones. En cuanto a las artes del movimiento, si bien estoy en Capital, varies amigues me cuentan que en los lugares más chicos falta mucho más aún. Acá en Capital está todo más tranqui. Está la Peña Folclorazo Queer, que es un espacio donde la gente que curte el folclore y no encuentra sus espacios en las otra peñas porque son discriminades o ignorades, o se los trata con violencia porque no son parte de esa imagen tradicionalista, patriarcal y hegemónica, se encuentran contenidos. En mi caso es como mi casa, donde hice mi primer show público. Es un lugar maravilloso.

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Fotografía de Eli Marchini /@elina_ems

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¿Es una peña que funciona siempre en el mismo espacio?

Es una peña que cambia de lugares. En breve cumple tres años. Es un espacio hermoso, amoroso, que invita a todes a que participen. Podés bailar toda la noche y viene gente de todos lados. 

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¿Siendo bailarín cómo te sentís en los diferentes espacios? 

Viste que nosotres, les bailarines, siempre quedamos allá abajo dentro de les artistes. De alguna forma nos llaman para renellar algo, qué sé yo. Les bailarines tenemos un montón de arte para mostrar y ahora te metí escandalo con les musiques (risas). Creo que el rol del bailarin es más difícil pero imaginate si sos queer, no binario, trans. Ufff. Yo hago arte, artivismo, desde mi postura artística trato de reflejar una idea pero no la impongo. Hay gente que le va a gustar y otra que no. Gente a la que le va a asustar, gente a la que le va a generar nuevos disparadores para hacer otras cosas, o pensar en otros puntos de vista para lograr un lugar mejor. Hago esto porque quiero una sociedad más amable para nuestros niñes, para nosotres. Yo no quiero ser una diosa viva y estar en un escenario mayor y pensar si gano plata o no. Como joven he sufrido discriminación, bullying, maltratos por ser gay, porque me gustaba bailar, porque me juntaba con las chicas y demás, y está bueno que esto no se repita con las futuras generaciones. ¡A la gente le da mucha inseguridad la libertad del otre! 

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¿Qué  nos podés contar acerca de la figura histórica y tradicional del gaucho, esa imagen fuerte, masculina, patriarcal, en relación al camino de transformación y deconstrucción que estás transitando?

Me hace ruido. Está un poco desactualizado en esto de que el gaucho debe seguir siendo el macho, y que someta a la mujer. ¿Es eso parte de nuestra historia? Sí, pero hay que repensar esa estructura del gaucho, por eso yo me percibo gauche como para deconstruir la palabra. Yo no quiero romper la imagen del gaucho, sino decostruirla y generar nuevos disparadores, así como también se está resignificando la imagen tradicional de la paisana. El folclore al ser tan popular está muy presente en todos lados y en todas las edades. Hay que desnaturalizar esa figura del gaucho desde todos lados. LeGón en parte lo hice por mi, por el Gonzalo de la infancia, para poder expresar libertad en esto que venimos reprimiendo muches de cómo queremos ser sin molestar a nadie. Estoy muy feliz y me encuentro con estas cosas maravillosas como esta entrevista que para mí es un montón. Con mi Drag busco todo eso, empezar a fluir entre ambos géneros. Es un gaucho del futuro, donde no se cuestione el género, sino la libertad.

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Fotografía de@franniifrost

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¿Qué mensaje dejarías para les estudiantes y docentes del IUPA?

¡Qué responsabilidad! Creo que para empezar a romper estructuras, primero hay que adquirir el conocimiento de nuestro pasado y nuestros antecesores, enriquecernos, y luego transformarlo. Eso es lo más rico: deconstruir algo pero que sabés que lo venís elaborando y cuestionando, y todo lleva su proceso y un tiempo. Lo más importante es aprender de nuestra historia, de los saberes populares, del pueblo, para ir formando y transformando nuestro folclore. Esto debería ser algo constante, que va cambiando y mutando en sus costumbres y tradiciones para crear una sociedad más amable. Es fundamental vivir sin odio, con más libertad y amor. No nos olvidemos del pasado pero hagamos un futuro mejor, no repitamos la parte fea de la historia, es un camino difícil pero vale la pena intentarlo. 

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Marcelo Licciardi / @chelolicciardi

Bailarín profesional, coreógrafo y estudiante del profesorado de Danzas Españolas en IUPA. Un apasionado de la danza y el arte, actualmente bailando folclore y flamenco. Amante de los animales y los paisajes del valle. Un optimista de la vida.

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* Fotografía de portada (detalle) y de pie de nota: Sebastián Freire /@freiredelink

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Las opiniones y comentarios desarrollados en esta publicación responden a la subjetividad de los autores que participan.

Esto no es una obra de arte

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Ahora todo está en blanco y negro y los peinados engominados de los años 40 pueblan el lugar. A veces es el tema lo que me atrapa, a veces son los detalles. La pollera de la chica parece hecha de tela de cortina -no siempre tiene sentido lo que capta la atención-. Sus manos se posan tímidamente sobre las teclas dactilográficas que componen su curioso piano. Detrás de ella, un enorme reloj marca las 22:35 h. Congelada en el tiempo, parece estar a punto de comenzar a tocar. La sala está llena. Desde las butacas, los espectadores la miran; algunos con atención, otros extrañados. Me detengo en cada uno de sus gestos que van desde el orgullo o el entusiasmo, hasta la desconfianza y el desagrado.

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¿Qué vemos cuando miramos una obra de arte? Por lo general la imagen copa la mirada. Analizamos su tema, algunos detalles compositivos, el carácter de la línea o la paleta de colores. Recién un poco más tarde, tal vez miremos al costado para encontrarnos con el autor, el título, el año y las dimensiones. En contextos de exhibición, algunos quizás lean de pasada la fundamentación ploteada en la pared. Otros, ya de vuelta en sus casas, saquen entonces de sus bolsillos el folleto o investiguen algo sobre el artista; pero estos son los menos. Por lo general, a la mayoría la imagen nos captura y nos quedamos solamente con lo que sus detalles o formas  imprimieron en nosotros. Es como si empezara y terminara ahí. Pero ¿qué hay detrás de lo que vemos? 

Cuando nos paramos frente a una imagen, estamos también en presencia de su historia, su origen y recorrido. Hoy en día, vemos que los recorridos de las obras de arte pueden no ser lineales o unidireccionales, más aún cuando hablamos de arte contemporáneo donde muchos objetos y prácticas son resignificados dentro del mundo artístico y donde los límites de los campos son cada vez más difusos. Hoy podemos encontrar en las imágenes huellas que nos hablan de su historia y nos muestran al arte más que como un acto de creación, como un devenir, un proceso. 

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De la imagen al cuadro

A decir verdad, el arte no surge en, ni, para el museo. Aún bajo sus formas más convencionales, en algún momento una idea, un ejercicio o boceto se convierte en obra. Desde la sociología del arte, las autoras Heinlich y Shapiro desarrollan estas ideas bajo el concepto de artificación entendiéndolo como un proceso mediante el cual los actores sociales llegan a considerar un objeto o actividad como arte, allí donde antes no lo hacían. El proceso de artificación describe entonces este pasaje del mundo del no arte al arte. El mismo no está atado a una única operación, sino que implica una serie de operaciones tanto en el orden práctico como simbólico. 

Salgo de la imagen, dejando los peinados engominados y las miradas extrañas de lado.

Observo aquello que la acompaña desde afuera pero aún cerquita: Grete Stern/el sueño de fracaso/ Café concert/Técnica: fotomontaje/ Idilio n°7 07.12.1948. 

Acá hay algo

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Stern y sus Sueños

Grete Stern, artista alemana nacionalizada argentina, es uno de los exponentes más importantes de la fotografía moderna del S. XX y  fue una de las precursoras de la técnica del fotomontaje. Hoy en día su serie Sueños resulta sumamente reconocida en el mundo de las artes visuales. Sin embargo, los fotomontajes que componen esta serie no surgieron en un primer momento como un objeto artístico, sino que fueron concebidos como ilustraciones de la sección “el psicoanálisis le ayudará” de la Revista Idilio perteneciente a la editorial Abril difundida entre los años 1948 y 1951. La sección incluía la correspondencia con las lectoras acerca de sus sueños, una interpretación llevaba a cabo por los psicólogos Gino Germani y Enrique Butelman bajo el pseudónimo de Richard Rest, un glosario que introducía términos específicos de la teoría psicoanalítica y los fotomontajes de Grete Stern que aparecían siempre bajo títulos como “los sueños del vestido”, “el sueño de fracaso”, etc. Lejos entonces de ser una obra de arte, en su contexto original, los fotomontajes funcionaban como apoyatura del contenido textual de la revista. Sin embargo, para la década de los 80’s cuando estos fueron exhibidos en el Fotofest de Houston,  distintos investigadores coinciden en que los fotomontajes eran entonces considerados como obra autónoma en pleno derecho. ¿Qué sucedió en el medio y qué operaciones dieron como resultado el pasaje al mundo del arte de dichas imágenes?

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Del cuadro al título

En primer lugar, tenemos que tener en cuenta que lo que hoy consideramos como serie Sueños, es sólo un fragmento del volumen total de los fotomontajes que creó Stern en colaboración con los psicólogos. En total, Stern realizó 140 fotomontajes para Idilio, pero al parecer, una vez cerrada la revista, la editorial los desechó. Stern compuso entonces la serie a partir de los 40 negativos y las 29 imágenes recortadas que había guardado en su archivo personal. Posteriormente, solo 7 de ellas fueron modificadas a nivel visual, por lo cual existen dos versiones de la misma imagen. Es importante señalar también, que antes del 82, los fotomontajes ya habían sido expuestos fuera de su ámbito original de publicación en 4 oportunidades, para las cuales la artista decide abandonar los títulos propuestos por los psicólogos y acompañar las imágenes de nuevas leyendas, muchas veces irónicas o alusivas, que revertían por completo el sentido o producían extrañamiento. Esta sutil operación, aunque ineficaz por sí sola, resulta fundamental a la hora de pensar el proceso de artificación de esta serie en particular. 

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Volvamos a Café Concert

Cuando la leemos acompañada de la leyenda “el sueño de fracaso”, vemos a una mujer angustiada dando un concierto de piano cuyas teclas son en realidad una máquina de escribir. Sus espectadores la observan, algunos extrañados, otros riendo o con desagrado. Podríamos suponer entonces que ella soñaba con ser concertista de piano y acabó siendo secretaria. De ahí su fracaso y angustia. La imagen nos termina dejando una sensación de frustración y además de esto, al tener como protagonista a una figura femenina, acaba ligando la mujer y la idea de fracaso. Por otro lado, al acompañarla del nuevo título, la angustia y el fracaso se desvanecen. En su lugar, lo que ahora aparece como preponderante es el carácter surrealista de la imagen y lo que vemos al fin y al cabo es una mujer dando un concierto atípico. El nuevo título Café concert, aunque reviste en sí mismo cierta neutralidad, cambia tanto la interpretación de la imagen que la aleja completamente de su publicación original.

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A las cosas por su nombre

No hay nada de aleatorio ni casual en la decisión de Stern de cambiar los títulos. Desde la teoría de la textualidad los títulos, en tanto paratextos, hacen mucho más que acompañar a la imagen. Estos vuelven presente al texto (en este caso la imagen) al mismo tiempo que funcionan como un umbral, una zona de transacción de sentido entre el espectador y su obra que puede invitar tanto a avanzar como a retroceder. 

En el arte hay obras que son inseparables de sus títulos. ¿Alguien imagina otro nombre que no sea “la fuente” para el migitorio de Duchamp? ¿Qué pasaría con la performance de Warhol y Minujín si no se llamara “pago de la deuda externa”? A diferencia de otros campos, en donde el título juega tal vez un papel secundario o cumple sólo una función identificatoria (como sucedía con los fotomontajes en el ámbito comunicacional de la revista) en el mundo el arte el título abre además una nueva esfera de significado que se propone muchas veces como un juego basado en los códigos comunes que comparten el creador con sus coetáneos.  De alguna manera, Stern esto lo sabía y decidió abrir ese juego con el público para darle autonomía y resignificar las piezas que había creado. Los nuevos títulos propuestos por la artista alejaron los fotomontajes de la revista y propusieron además otra mirada sobre el rol de la mujer y el mundo femenino. 

El análisis del pasaje al mundo del arte de esta serie pone al descubierto el peso de las operaciones concretas que no tienen necesariamente que ver con la imagen en sí misma y que hacen al proceso de artificación. Hay acciones mínimas que realizamos sobre las obras (cambiar su contexto, dirigirla hacia otras personas, cambiar los paratextos que las acompañan) que inciden directamente en los modos de recepción de estas. Ahora bien, este ejemplo en particular nos ayuda a reflexionar sobre este proceso en el campo visual, pero ¿qué sucede en otras áreas? Siguiendo esta lógica de razonamiento, los invitamos a preguntarse con nosotras: ¿cuándo un baile es danza? ¿cuándo una zapada con amigos es música? ¿cuándo un ejercicio de teatro se convierte en obra?. Y desde allí, entonces precisamos ir un poquito más allá: ¿qué operaciones concretas efectuamos sobre nuestros trabajos que transforman el modo en que estos son recepcionados? Identificarlas nos puede servir no tanto para hacer un relevamiento enciclopédico de cuándo hay arte y cuando no, sino para abrir un posible de juego y establecer un diálogo con quién está del otro lado.

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Lara Arce / @lara.arcm

De todo un poco; casi Prof. de danza contemporánea pero oficialmente Licenciada en Enseñanza Universitaria de las Artes y Prof. de Francés. Mi cuerpo es mi universo. Me gusta dibujar y cuando no hay comida me pongo de mal humor.

Florencia Di Toto / @florditoto

Lic. en Enseñanza Universitaria de las Artes y Prof. de Artes Visuales. Un poco diseñadora y un poco artista visual. Siempre tengo una anécdota para cada situación y en mis ratos libres me gusta jugar al fútbol.

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El oráculo de las capturas de pantalla

Coni Rosman
Curadora del proyecto I OCP: Oráculo de las Capturas de Pantalla.
Lic. en Artes (UBA), fotógrafa, gestora y productora cultural. Colecciona capturas de pantalla como otro modo de registro fotográfico. En conjunción con su interés por el cine, los oráculos, las sincronías e internet; creó el OCP con la intención de compartir su colección y, de alguna manera, ayudar a lxs demás.

Algoritmos, cine, fe, arte, fotografía, internet y cuarentena. Un cóctel mágico. Sí, mágico para estos tiempos raros y virósicos en los que se necesita creer en algo para no caer en una realidad abrumadora. El encuentro con Coni también fue mágico y por supuesto, fue gracias a Internet. Es que Coni tiene ese no sé qué. Y el OCP no se queda atrás.

Entonces, ahora sí, bienvenidos a la obra virtual que todos querrán consultar cada mañana, antes de tomar un mate o leer las noticias. 

Coni Rosman vive en Buenos Aires. Es Licenciada en Bellas Artes y fotógrafa desde siempre. De hecho, la fotografía es su gran compañera y tiene la suerte de que ahora sea su oficio y su profesión. Su vínculo con la imagen es muy primitivo, se autodefine como -ñoña- y siempre le gustó el cine.

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El OCP comenzó en diciembre del año 2017. Es una obra virtual, online e interactiva que conjuga todo ese mundo fantástico que rodea a Coni, con nada más y nada menos que Internet, ese lugar fabuloso en el que nadie entiende nada pero donde sucede todo. Está inspirado en el I–Ching, libro oracular chino, conocido como el libro de las mutaciones, para poder comprender quiénes somos y a dónde vamos. El OCP retoma la tradición del oráculo, sitio al que se acude para obtener una respuesta elevada en sintonía con el momento que atraviesa cada consultante, pero en este oráculo 2.0, ese sitio es internet y las respuestas provienen de una colección de capturas de pantalla de series, películas y documentales.

“Yo venía con muchas preguntas por ese tiempo y el Oráculo de las Capturas de Pantalla reúne muchos intereses vinculados a la búsqueda de esas respuestas, a muchos hobbies que yo tenía, más allá de la fotografía y mis intereses con las imágenes; también intereses relacionados con la sincronía, la magia, lo oracular”. 

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La creación del OCP nace en un contexto muy particular. Coni trabajaba para otras personas, siempre en el mundo fotográfico, y comenzó a cuestionarse el sentido de seguir produciendo imágenes. ¿Es posible redefinir todas aquellas imágenes que ya están hechas? ¿Encontrarles nuevos sentidos? ¿Detenerse a pensar qué significan y por qué están en el mundo?. Así es como, la postfotografía y todas sus posibilidades, invadieron su práctica. 

“La búsqueda y la creación del OCP llegó en un momento en el que mi vínculo con la fotografía estaba con signos de preguntas. Empecé a trabajar con el archivo fotográfico y con la idea de dejar de producir imágenes y empezar a darle sentido a las que ya están hechas. Estamos rodeados de imágenes todo el tiempo. Es hora de ver qué hacemos con ellas. Entregarles nuevos significados, pensarlas desde nuevos lugares.”

De esta forma, empezó a trabajar sobre la curaduría de imágenes ajenas y digamos que eso es lo que hace en el OCP: redefinir discursos de imágenes de distintas procedencias y autores, de capturas que pertenecen a un contexto específico. La cantidad de capturas es infinita. Coni alimenta el sitio con imágenes de su colección personal pero los usuarios también pueden hacerlo. Todos los aportes de los visitantes, pasan siempre por el ojo de Coni, quien selecciona cuidadosamente las imágenes, siguiendo la regla general de que deben tratarse de capturas con subtítulos vinculados a temas universales. Es importante que entre el resultado otorgado por el oráculo y la gente que consulta, haya un diálogo. Las capturas deben funcionar como respuestas y tener una vueltita de rosca, que no sólo vayan por el sí o por el no. Que hagan que el usuario pueda seguir preguntándose. Las famosas preguntas existenciales, de temas existenciales y vivencias existenciales. Poca cosa ¿no?. 

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“Lo divertido de esta curaduría que hago es que al sacar de contexto la captura, le doy un nuevo significado. Porque si el usuario vio la película le va a resonar algo o, quizás, lo lleve a ese momento de su vida cuando pudo ver la peli; y si no la vio, le genera algo nuevo y lo inserta en un relato nuevo y seguramente, después, esa persona vaya a verla y se predisponga de otra forma. Una misma captura puede tener miles de significados de acuerdo a quien le toca.”

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Es imposible definir en qué disciplinas trabaja el OCP. Se puede decir que no sólo es una gran obra de arte que vincula la fotografía con el cine y lo interactivo y que, además, está al alcance de todos, sino que puede utilizarse como tarot o como herramienta de azar, en el proceso creativo o en la vida misma. Es que, además, la situación de confinamiento permitió reivindicar y despertar todos los proyectos que están en internet y digamos que comenzaron a producir sentido desde lugares nuevos y mucho más significativos. En el caso del OCP, la construcción azarosa da espacio a un mundo maravilloso por descubrir. 

“Es importante incorporar el azar en el proceso creativo. Hay que confiar en esos detalles sutiles que te da lo azaroso. Prestarle atención a las sincronías que se manifiestan en esos espacios pequeños, diminutos, sutiles, porque es ahí donde encontramos las mejores señales¨.

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Están todos invitados a recorrer el mundo del

Oráculo de las Capturas de Pantalla de Coni Rosman,

a colaborar con su colección y a entregarse al fabuloso universo del azar, para descubrir que, en definitiva, no controlamos nada. Por suerte. 

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