“Tiemblen: Las brujas hemos vuelto”

Por: Luciana Lorca Mayer

ENTREVISTA A YANINA VIDAL

Un nuevo marzo llega y nos tiñe de violeta por el Día Internacional de las Mujeres Trabajadoras -8M-.

Docente de literatura, egresada del Instituto de Profesores Artigas en Montevideo. Magíster en Teoría e Historia del Teatro por Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad de la República en Montevideo. Publicó el ensayo titulado Tiemblen: las brujas hemos vuelto. Artivismo, teatralidad y performance en el 8M con el que ganó el Premio Nacional de Literatura en 2019 en Uruguay. Ha publicado trabajos sobre performance y teatralidad en el espacio público, así como artículos sobre literatura uruguaya. Actualmente se encuentra haciendo un doctorado en Letras.

¿Cómo nace tu interés por el activismo performático durante las manifestaciones del 8 de marzo?

Este trabajo surge de mi tesis de una maestría que hice de historia del teatro. Al estudiar teatro no quería caer en el análisis de textos, y preferí trabajar con otro tipo de teatralidades, como la performance. Elegí este enfoque porque siempre tuve la inclinación de pensar a través del cuerpo, de hecho, siempre hice danzas.

Cuando empecé a participar de forma más activa de las manifestaciones del 8M, me di cuenta de que la marcha era puro arte. Y lo que más me gustó fue el hecho de que mujeres, que capaz no habían terminado la primaria, pudieran usar el arte como un canal de protesta y visibilización, y que pudieran organizarse de forma colectiva – a pesar de que la gran mayoría trabajase y no dispusiera de tiempo para ensayos-. A veces, pensamos que el arte o la teatralidad son cosas que se aprenden en la academia, que necesitan un bagaje teórico fuerte, y en realidad no es así.

Cuando los reclamos vienen desde el arte porque ya se agotaron todos los medios, porque ni la justicia, ni la policía, ni nadie escucha o ve, me conmueve que gente que no tiene acceso a educación formal pueda apelar a recursos artesanales, a lo manual, a lo físico.

Y la performance tiene una libertad que no tiene la teatralidad. La teatralidad hace como un contrato con la ficción, con un libreto o personajes. En cambio, este tipo de acciones es más un “lo que salga”, entra en juego la improvisación. Y bueno, el que quiera entender que entienda, y toda lectura que se pueda hacer de la acción va a estar genial.

Fotografías de Meri Parrado. IG: meri.parrado

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¿Cómo interpela la performance a las personas, al transeúnte/espectador? 

Lo interpela en la medida que interrumpe un poco con su tránsito y con lo esperado. En lo que tiene que ver con el 8M, no es tan así, porque ya un mes antes colectivas y diferentes organizaciones de mujeres hacen llamados para hacer performances y para que se acerque a participar la que pueda. Ahora, en el 8M no creo que estas puestas sorprendan tanto, las personas presentes apoyan la causa porque están ahí, en la calle. En cambio, yo destaco cuando esas mismas colectivas u otras hacen este tipo de acciones fuera del 8 de marzo. Por ejemplo, cuando se llevan a cabo un 25 de noviembre -Día Internacional de la Eliminación de la Violencia Contra la Mujer-, o cuando es menos gente que en una movilización. También, hay una de las performance que se hace cada vez que hay un femicidio. A veces, lo que interpela es lo que genera rechazo. Mucha gente se siente incómoda con lo que acontece en la calle, que interrumpe su paso, y a su vez, le da la sensación de que está pasando algo y de que hay que prestarle atención. Cuando los reclamos se hacen desde la acción física y la organización colectiva, llaman la atención e interpelan en la medida que generan otro tiempo, generan un cambio en la transición, y fundamentalmente, hacen que se note que hay un problema social.   

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En tu ensayo hablas de la relación del espacio y el cuerpo, y también, de instancias de proceso de la obra. ¿Cómo se vinculan ambas cuestiones?

En dos de las perfos, en dos de las colectivas, quienes están a cargo tienen cierta formación artística; una de ellas estudió dirección teatral y la otra es artista visual. Entonces,  ya hay algo elaborado, no es inocente nada de lo que pasa en la propuesta. Pero en otra de las colectivas, “Decidoras”, que es transgeneracional, ya que participan desde chicas de veintipico hasta señoras de ochenta, no tiene participantes con formación artística. Lo genial es lo que pueden crear sin ningún viaje teórico que es también lo que yo propongo como una estética feminista, elaborada desde la autogestion, la creación y propuesta colectiva. Un proceso creativo en base a las ideas que todas tengan. Y entonces, sale lo que se pueda. No está tan pensado como lo otro, donde hay como un patrón, desde la elección del color hasta cómo se camina. Estas prácticas, más espontáneas, resultan más intensas, tienen más efecto. Hablo de estética feminista también porque ésta entra en la zona de lo íntimo y lo doméstico, en la relación entre ambas zonas y en su vinculación con el delito, porque algo que nos atraviesa a todas es el tema de los femicidios. El cómo se llega a construir y mostrar en la calle esa apertura o intimidad, los despliegues de lo íntimo, es lo que me parece interesante del proceso creativo. Todas las zonas vivenciales de la experiencia y la experiencia íntima expresadas en las acciones performáticas son de la experiencia íntima de un montón de mujeres. Y van desde la burocratización que vive la mujer que quiere practicarse el aborto -que si bien es legal acá en Uruguay desde el 2013, quien depende de la salud pública padece la ansiedad por no saber si le van a poder hacer el aborto o no, ya que es mucho el papeleo; en cambio, la persona que tiene prepaga cuenta con otro tipo de ayuda-, hasta mostrar cuando un tipo te persigue durante cuadras hasta poder llegar a tu casa y sentirte a salvo. 

Fotografía de Meri Parrado. IG: meri.parrado

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Hablás de lo íntimo y lo doméstico y me pregunto, ¿por dónde pasa la diferencia entre ambas zonas?

Lo íntimo va muy a lo personal, al goce, al cuerpo, mientras que lo doméstico tiene una relación entre el cuerpo y lo que lo rodea, la cotidianeidad, ya sea la maternidad, la relación de pareja, el sustento.

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¿Qué diferencia a estas acciones performáticas de otras prácticas artísticas, también comprometidas con causas políticas?

La diferencia acá está en mostrar algo que pertenece al terreno de la mujer, que tiene que ver con el universo de las mujeres. A causa de la pandemia comenzaron a generarse cosas nuevas. El tema del artivismo en la calle se hizo muy presente ante la pandemia y postpandemia. Como emergencia, al no poder reunirse o hacer una marcha, se ha apelado a este tipo de acciones para generar reclamos, que con el advenimiento del Covid comenzaron a ser mucho más frecuentes. Acciones propias del artivismo fueron llevadas a cabo por artistas, quienes al cerrarse teatros y espacios culturales, se quedaron sin laburo. Y entonces, armaron una perfo muy grande, con la participación de más de 50 artistas, que se llamó Primer Acto, e intervinieron frente al edificio de presidencia cada 15 días. Otro ejemplo de artivismo en pandemia han sido los inmigrantes venezolanos, cubanos y brasileños que vinieron a Uruguay, producto de la situación política que transitan sus respectivos países, y que trabajan en condiciones de precarización. Estos grupos han encontrado en la poesía performática formas de activar reclamos. También, durante La Marcha del Silencio, que es la marcha que se hace en homenaje a los desaparecidos durante la dictadura, se han realizado acciones en diferentes lugares de Uruguay. Y no es que no se haya hecho antes, pero ante la imposibilidad de que se generen aglomeramientos de personas, se ha apelado a este tipo de acciones con mayor frecuencia. Los activismos empezaron a trabajar a full con sus cuentas en redes sociales y con los vivos. Una colectiva nacida en pandemia, Resaca Pandémica, llevó a cabo su primera intervención durante La Marcha del Silencio en la ciudad de Paysandú. Se vistieron de aves de rapiña, y en cada ala se ubicaban fotos de cada uno de los desaparecidos. Esa fue la acción: abrir las alas y quedarse en las calles despobladas merodeando. Era bastante ominoso, como fantasmal, ver esas aves. La potencia de las redes ahí fue buenísima porque no había nadie en las calles y todo se seguía a través de Instagram. El papel de las redes fue fundamental. Se generó otro tipo de presencialidad. 

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¿Creés entonces que la pandemia ha generado o va a generar cambios en este tipo de experiencias?

Yo creo que sí. Retomando las acciones del 20 de mayo, en memoria de las víctimas de la dictadura, se volvió al siluetazo en las calles, al dibujo de las huellas, a poner los nombres con stencil en las calles. Se motivó la participación pidiendo que a una determinada hora las personas con Instagram fueran diciendo en un vivo todos los nombres de desaparecidos desde sus casas. También, se impulsó el colgar margaritas en puertas y ventanas – símbolos de la Asociación de Madres y Familiares de Detenidos Desaparecidos en la última dictadura militar en Uruguay-, lo que motivó la creación familiar con niñes y se potenció en las redes.

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Retomando uno de los temas que desarrollas en tu libro, ¿Cuál es la relación que encontrás entre cuerpo y opresión por parte del poder hegemónico? 

Muchas veces, me han preguntado por qué el cuerpo es el protagonista, por qué no poner una pancarta o solo marchar. Yo creo que los cuerpos de las mujeres, las cuerpas, demostramos todo el tiempo esa cuestión de opresión. Algo que se muestra en las performances es lo invadida que te sentís cuando un tipo te da una opinión de tu cuerpo, o los beneficios que se perciben sólo por contar con una determinada apariencia física, o los favores que se le piden a las mujeres para pasar a grados más altos. En estos ejemplos parte todo del cuerpo. 

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Vos hablás en tu libro de entrecruzamiento de memorias. ¿Qué podés mencionar de esta especie de red de memorias que afloran en el artivismo?

Hay como una revisión. Una de las perfo que analizo en el libro toma relatos del 29´, los pone en escena, y muestra cómo las exigencias para las mujeres siguen siendo las mismas a pesar del cambio coyuntural. En los relatos de otra de las colectivas aparece la genealogía familiar: qué pasó con mi abuela, con mi madre, qué me pasa a mi en relación a ser mujer, ser mujer y la sociedad, la política, la cotidianeidad. Hay una reelaboración desde lo genealógico y familiar en esas puestas, qué derechos tenemos ahora y qué derechos no se tenían. 

Fotografía de Meri Parrado. IG: meri.parrado

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Y en relación a los pueblos originarios y su orden diferente al propuesto por las formas occidentales, ¿ves alguna memoria que se manifieste en las experiencias de artivismo que analizás? 

Yo creo que esto es una gran deuda de acá. Siempre estuvo el tema de los charrúas y el genocidio charrúa, pero recién estamos tomando conciencia de que un gran porcentaje de la poblacion tenemos en el ADN un rastro de pueblos originarios. Mi bisabuela era originaria. Hay un colectivo que se llama Charrúa Antifascista que nuclea a las diferentes agrupaciones charrúas, y genera la visibilidad, entre otras cosas, del 8M y propuestas que se hacen desde los feminismos. Pero creo que todavía las mujeres que tenemos alguna ascendencia no hemos podido vincular las dos cosas.  Es algo que está todavía en proceso y que cuesta darle un lugar culturalmente. Entonces, en lo performático lamentablemente no hay nada ritual, no hay nada ancestral. Es un proceso que va a llevar su tiempo.

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¿Cuáles son los retos del artivismo? 

Yo creo que lo principal, que siempre está latente en el arte porque el capitalismo neoliberal lo fagocita, es no aburguesarse. Veo que hay una tendencia ahora que se viene el 8M a que todas las colectivas hagan performances y a que aparezcan chicas que luego durante el año no participan. Pienso que el reto es alejarse de la cuestión del arte burgués y no perder el sentido real de la militancia. No perder el sentido real de lo político, que es ponerse en el lugar del otro. Está bien quien prefiera salir en la foto de facebook o en los medios de comunicación, pero me parece que el desafío del artivismo es romper las fronteras con los lugares que generan comodidad y también silencio. Nadie sabe lo que pasa en una cárcel de mujeres, o en un psiquiátrico o en la vida de las mujeres discapacitadas. Creo que es necesario mostrar esas voces, que justamente por estar encerradas, aisladas o vulneradas, pareciera que no existen. La sociedad te hace creer que no existen, pero existen. Hablando con una colectiva antiespecista, que busca crear conciencia y dar el mismo valor a los intereses de un individuo, sin importar a qué especie pertenece, vimos que uno de los temas a trabajar es el de la inclusión. ¿Cómo se trabaja una performance considerando la participación en una acción de una mujer en silla de ruedas? ¿Cómo laburo la inclusión en la performance? Acá por ejemplo, se está haciendo mucho desde la danza, integrando a personas con silla de ruedas. Se está empezando a manifestar eso en las calles. Me parece genial como el artivismo tiene que laburar con eso que nos quieren ocultar, eso que está encerrado, vigilado, castigado.

El reto de los artivismos es ponerse en lugares incómodos cada vez. Me parece que siempre hay que buscar la incomodidad de quien está mirando, de quien pasa. No perder el sentido real del por qué se está haciendo y para quién se está haciendo. 

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Las opiniones y comentarios desarrollados en esta publicación responden a la subjetividad de los autores que participan.