Filmar en la Patagonia

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¿Quiénes producen cuando nadie produce?
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En sector que forma parte del complejo circuito de la industria cultural y creativa, espacio que atraviesa una crisis singular, una tormenta perfecta a escala global, pero también local. Los matices son variopintos e incluyen, a gran escala, las transformaciones significativas que está sufriendo la industria merced de las transformaciones tecnológicas, el auge de las plataformas de streaming y una desaceleración económica que igualmente tiñe a todo el globo. Tormenta que en la Argentina también se manifiesta con una retracción económica sostenida en el tiempo y el advenimiento de gobiernos neoliberales cada vez más agresivos con todo el sector productivo y particularmente con el de la cultura.
Hay un claro escenario de una cultura audiovisual en fade out. Y no es una sensación, un tobogán de producciones y emociones que todavía no llega al clímax.
El Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA), nuestro instituto de cine, ha copado buena parte del timeline de las redes sociales y aire en los medios tradicionales, sobre todo porque con el gobierno de Milei sufrió el mayor embate de los últimos tiempos: sí, sí, claro, la motosierra de la Ley Bases. Si hay algo que distingue este tramo es el desfinanciamiento. Según el portal La Nación, se proyecta que en 2026 se terminen filmando en Argentina no más de 10 o 12 películas. Pantalla devaluadísima. Mientras tanto, el superávit que registra el INCAA cortando tickets en las salas, va a bonos del tesoro nacional, no a las pelis. INCAA trader. El sector audiovisual está fuertemente golpeado en todos lados, y en el sur también.
¿Qué pasa por estas coordenadas, aquí, allá; cómo le pega a los que hacen, a los que todavía pueden, a los que ya no pueden; cuáles son las estrategias para empuñar la cámara y todavía contar historias, y qué historias? Indagamos a un grupo de realizadores y realizadoras; queríamos escuchar voces de Neuquén, de Río Negro y de toda nuestra geografía cultural; diferetes realidades y perfiles profesionales. Una polifonía de voces que quizás ayuden a comprender la escena.
Le preguntamos cómo está el sector hoy, más allá de que lo presumimos lastimado. Fuimos a Luis Beltrán, en la zona de chacras, a charlar con Néstor Ruggeri (62) @raimundoruggeri . Allí tiene la casa que él mismo construyó tiempo atrás frente a una huerta y frutales. Su lugar de pertenencia es el Instituto Universitario Patagónico de las Artes (IUPA); aunque en la universidad ya no se produce como años atrás, continúa con proyectos particulares porque ahora los de la universidad por ahora están frizados o en carpeta. Su mirada sobre la realidad tiene la sensibilidad de un documentalista, fiel relator de los tiempos y las vivencias de la gente de nuestra región “.Desde la llegada del modelo neoliberal y autoritario se nos apagó la luz, la cámara y la acción. Andamos a tientas en medio de la tiniebla, como sujetos dormidos pero testigos de un saqueo con mucha impunidad”, sentencia.
Con la misma inquietud, nos trasladamos a Neuquén capital, a charlar con Agnese Boaretto (33) @agnese.boaretto. Desde que se graduó en IUPA administra FRATER, junto con otros dos graduados, Javier y Rocío. Se trata de una productora que presta servicios audiovisuales pero que también genera contenidos de ficción y documentales. Agnese es inquieta, se pregunta y reflexiona sobre su oficio, siempre en clave local. Lo hace todas las semanas en su programa radial No te comas la peli, y por ello su respuesta respira la contundencia del dato y la experiencia: “Lo que cambió concretamente es que hay menos concursos del INCAA para aplicar. La devaluación sigue afectando la producción y se nota que hay menos trabajo, incluso en la parte privada. Si no viviéramos en Neuquén, no sería factible sostener un proyecto en el interior.”
Nos situamos, ahora, en General Roca. Lucas Tartaglia (37) @lucas.tartaglia es roquense, se formó en IUPA y perfiló su carrera detrás del mundo del sonido. El de Lucas es el caso de los realizadores que decidieron, pero también necesitaron, deslocalizarse para perfeccionarse y construir una carrera con mayores desafíos a los que le desafiaba nuestra región. Por ello logró incorporarse a la industria audiovisual desde Buenos Aires. Unos pocos años en el centro le bastaron para ingresar al engranaje de películas y series mainstream. Actualmente está de regreso en su ciudad natal, da clases en la Tecnicatura en Sonido de IUPA y trabaja eventualmente en proyectos nacionales y locales: “Mi cambio fue radical por mudarme de Buenos Aires a Río Negro. Pasé de un esquema industrial a participar en producciones locales de menor escala presupuestaria; un audiovisual con menos recursos, pero con mucho más amor y compañerismo”. Lucas define que encontró aquí otro sentir en la forma de narrar, con más corazón.
Ahora nos fuimos a hablar a Buenos Aires, un ratito con Belén Altamiranda (27) @belualtamiranda_ que es viedmense, pero hoy es de las realizadoras que va y vuelve a nuestra zona andina por la dinámica de trabajo. Su experiencia formativa transita desde la Universidad Nacional de Artes (UNA), en Buenos Aires, a la Universidad Nacional de Río Negro (UNRN) en El Bolsón. El perfil de productora que cultivó estos últimos tres años hoy la tiene en proyectos que van de Buenos Aires a Bariloche, ida y vuelta. Su caso es, claramente, el de realizadores que trabajan regionalmente para la industria. Hablamos de publicidades, películas y series de plataformas, aspecto que constituye orgánicamente a la ciudad, emblema del turismo, como un gran polo audiovisual a nivel nacional e internacional.
Belén aclara que la crisis que enfrenta el sector impulsa a muchos técnicos argentinos a migrar al mercado chileno, brasilero o uruguayo. Observa una transformación y adaptación crítica:: “Empecé en Bariloche en un año en el que hubo bastante trabajo para la zona (2024), pero rápidamente bajó. Nos volcamos a hacer contenidos para redes o fotografía para sostener algo que la industria no estaba pudiendo proponer¨. Mucho trabajo se redujo de manera local en cantidad de días, mucho se volcó directamente a Uruguay con equipos locales de allá.
Por eso también conversamos con Romina Coronel (47) @rominalcoronel neuquina radicada en Bariloche desde 2011. También su formación pasó por el IUPA, la Universidad Nacional del Comahue ( UNCo) en Roca y por la UNRN donde actualmente es docente en El Bolsón.
Además, es directora y productora de contenidos audiovisuales en PasoLeon Cine. Desde allí cosecha experiencia de varias series documentales y de divulgación, además de proveer servicios de producción y scouting para publicidades, campañas de moda y largometrajes. Desde ese lugar recrea la situación ambivalente que transitó estos años el sector en la región: “Lo más concreto es la interrupción de proyectos por falta de pagos y la desaparición de las políticas de fomento”. Por otro lado, aborda sobre la irrupción de las plataformas con “la llegada de grandes producciones a la zona andina, lo que significó un crecimiento profesional para quienes participamos”.
Por su lado, también desde Bariloche, Tatiana Cannistraci (45) @memataproducciones , nos relata la experiencia sinuosa que atraviesan los audiovisualistas en la zona andina. Se formó como Jefa de Producción en Cine en el Sindicato de la Industria Cinematográfica Argentina (SICA) en Buenos Aires, y en 2009, fundó la productora Me Mata Producciones junto a Mery Casella, espacio donde desarrollan proyectos de ficción y documental.
Particularmente, ha tenido experiencia como productora en grandes proyectos audiovisuales nacionales e internacionales que tuvieron asiento en la región. Con ese background relata: “Pudimos vivir del audiovisual los últimos tres años por una cadena de trabajos que se dio tras una serie para Disney (Selenkay, 2024), pero hoy ya no es la misma realidad”. En efecto: “En 2023 teníamos una película, con dos casas coproductoras comprometidas y con la nueva gestión del INCAA el proyecto terminó cayendo. Hoy es casi imposible levantarlo”, afirma.
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¿Políticas qué? El rol del Estado
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Preguntamos sobre cuáles son los instrumentos de financiamiento y sobre cómo perciben el rol del Estado (nacional, local), algo que adelantaron en el primer paneo.
Tatiana Cannistraci: al Estado lo siento muy ausente, con propuestas sumamente débiles. Que el INCAA salga con un concurso de tutorías y laboratorio de guion me parece poco serio; no está escuchando al sector. En Río Negro tenemos un cash rebate que no está funcionando, del mismo modo que el plan de fomento, que lo considero casi nulo[…] Siento que a la política en general le cuesta entender que nuestro sector, nuestra industria audiovisual es un negocio que otros países, incluso otras provincias (CABA, Jujuy, Mendoza) lo han entendido perfectamente que ofrecen muchos beneficios porque saben que después hay un efecto multiplicador de hasta 8 veces más de lo que se invierte. Y esto lo digo en calidad de productora-empresaria y lo que trato es de hacer negocios y vivir de esto.
Agnese Boaretto: en Neuquén, nuestra ley provincial (ENCINE) es el bastión más fuerte que tenemos para producir, pero hay que seguir pensando en coproducciones. El acceso a fondos nacionales está mucho menos federalizado que antes. Los proyectos tienden a llevar más tiempo que antes -¡que ya era mucho el tiempo!-. Creo que el camino es con las demás provincias, a la vez que considero que es importante seguir aplicando a fondos internacionales. Pero es un momento muy complicado.
Néstor Ruggeri: lamentablemente, (por ahora) las líneas de créditos y subsidios para la producción por parte del Estado están cerradas y negadas para nosotros. Acceder al financiamiento a través de fundaciones, embajadas, productoras importantes o plataformas transnacionales, para mí es algo inalcanzable y poco deseado, tal vez por desconocer esos caminos que demandan de muchos y “chamuyos”. Prefiero intentar por lo que tengo a mi alrededor y conozco.
Pienso que el Estado debe volver a la idea de recaudar impuestos a las grandes fortunas y a las empresas de energía; esto funcionó en los países centrales para fomentar el cine.
Se me ocurren varias posibilidades de como poder materializar las ideas y los proyectos. En principio, considero importante tomar consciencia de las posibilidades reales que tenemos en este contexto y aprender a diseñar producciones coherentes al marco histórico que nos toca atravesar. A nivel personal me he sentido más a gusto y cómodo trabajando con diseños de producción más pequeños, con un equipo técnico reducido en una escala de producción más controlada.
Romina Coronel: en este escenario ¿Qué rol debería cumplir el Estado hoy? Bueno, cumplir con la ley nacional de cine vigente, sostener las políticas públicas y mejorarlas, regular las plataformas para generar más fondos para el audiovisual. En ese orden -broma aparte- existen, pero no se cumplen, como pasa con la ley de discapacidad y la ley de financiamiento de la educación universitaria. A nivel local, necesitamos un fondo de fomento provincial fuerte y una ley de mecenazgo que ya esté funcionando.
Lucas Tartaglia: el rol del Estado es fundamental, en el fomento y en la financiación del cine federal, porque las plataformas -me parece-, tienen un enfoque destinado plenamente a lo comercial, donde se cuentan historias que responden a una lógica mucho más global, que responden a una mirada mercantil.
En cuanto a las políticas actuales, la presencia del INCAA ya es prácticamente inexistente. Mi realidad cambiaría si existiera algún tipo de política por parte del INCAA o de parte del Ministerio de Cultura orientada a producir dentro de las provincias.
Actualmente, terminamos de trabajar este fin de semana en un corto que surge a partir de un concurso de Cultura de provincia de Río Negro. Ese tipo de políticas de fomento son fundamentales para los que trabajamos en esto porque nos dan posibilidad de producir en la región, de contar historias que ocurren acá.
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Una sinergia productiva que se paralizó
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Aparte del dato, hay consenso transversal: el Estado se retiró y entraron las plataformas por autopista, sin peaje. El experimento neoliberal de la autorregulación del mercado, que es el modelo que prevalece actualmente, condiciona los modos de producir, parcela el sector de quienes producen y qué se produce. Las asimetrías históricas vuelven a escena, se consolidan y acentúan. Filman los grandes, los fuertes, los del centro. Ese es un motivo por el cual el sector audiovisual recentraliza el mayor volumen de trabajo en CABA -eso en el mejor de los casos, cuando no se externaliza a la vecina uruguaya de Montevideo-. El interior argentino: lejos, claro.
Hay una significativa transformación de la soberanía creativa argentina. Las producciones federales quedan relegadas a instrumentos locales de fomento, lánguidos y menos robustos (salvo honradas excepciones) y a modos de producción menos sustentables. Es un efecto que condiciona a buena parte del mercado laboral del sector audiovisual del interior que vive o – a esta altura- vivía del oficio. El polo Bariloche, por su condición natural única de gozar de locaciones naturales, servicios hoteleros, comunicación aérea y un expertise profesional consolidado durante años, es el que resiste mejor al duro embate que golpea al sector audiovisual. El Alto Valle y la Zona Atlántica: ruido de mate. La premisa pareciera ser: fuera de las plataformas hay un precipicio y el perímetro se achica.
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Los desafíos de un ecosistema cambiante
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Las plataformas (Netflix, Disney, Amazon) ganaron protagonismo estos últimos cinco años, justo en consonancia con la significativa retirada del Estado. Hablamos no sólo del reciente embate contra el INCAA, hablamos también del programa Polos Audiovisuales o el Plan Operativo de Fomento y Promoción de Contenidos Audiovisuales Digitales del SATVD-T que ponía decenas de horas de contenidos federales argentinos en la pantalla de la TDA (Televisión Digital Abierta). Ese esquema había propiciado el desarrollo y expansión de narrativas regionales al mismo tiempo que se democratizaba el valioso konwhow técnico de los realizadores argentinos fuera del tradicional epicentro porteño.
Las plataformas llegaron para quedarse, y lo han hecho bajo sus propias lógicas: las de las audiencias globales, masivas y con contenidos creados a demanda en base a registro y procesamiento masivo de datos. La atención del usuario manda: géneros, hábitos de consumo, retención de la atención etc. modelan la planificación de contenidos y reorientan el capital financiero detrás de ellos. Una escena que re-configura dramáticamente los esquemas de producción, se retira de las lógicas anteriores que abrazaban historias mínimas, de interés local. Los regionalismos, ahora globales, emergen con una lógica que se reduce al aporte de frescura y exotismo, aspecto que se constituye en oportunidad y ventana (turística/cultural) para las regiones, claro está, al mismo tiempo que distorsiona la construcción de la identidad. Cultura para la tribuna.

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Las plataformas: ¿trampa u oportunidad?
Romina Coronel: son las dos cosas a la vez. El costado laboral pasa por ahí, pero sus contenidos son bastante homogeneizantes. Debería haber una legislación que las obligue a aportar al fondo de fomento del INCAA.
Néstor Ruggeri: creo que hay diferentes tipos de plataformas, están las hegemónicas que son las empresas más conocidas y que la mayoría de los ciudadanos consume. Las hay más pequeñas donde se da lugar al cine de autor o a documentales y/o materiales de divulgación científica, etc. Aún contamos con la plataforma de Cine.ar, donde poder ver películas nacionales.
Siento que las grandes plataformas transnacionales colonizan el pensamiento y los gustos, imponiendo parámetros técnicos y estéticos sujetos a sus propios intereses.
Seguramente puede ser una oportunidad y una trampa al mismo tiempo, hay que estar atentos.
Belén Altamiranda: son un salvavidas para el trabajo de muchos compañeros, pero siento que es una curita para un problema gigante. Hay un condicionamiento: terminamos produciendo en función de lo que una empresa gigante de afuera estructura. Para los que nos dedicamos, te diría casi que como obreros, esto te ayuda, porque ahora lo que está funcionando, los trabajos que estoy teniendo, salen porque hay plataformas bancándolos. No hay películas independientes o son muy autogestivas, por lo que es complejo para tener trabajo. La pregunta es, cómo nos vamos a encontrar en unos años cuando esté todo estructurado en una empresa y cuánto de nosotros va a haber ahí. Pero realmente es un debate para el que no tengo una respuesta, estamos en esa, por ahora es un salvavidas.
Agnese Boaretto: me parece que son son super necesarias. De hecho, desde el lugar que ahora estoy ocupando en la gestión cultural, también estoy pensando en formas de sustentabilidad cultural y, justamente, en praxis que tengan que ver con esto. Yo creo que las plataformas son una oportunidad, pero tienen que estar reguladas. Hay un proyecto de ley del Espacio Audiovisual Nacional (EAN), que está trabado en el Congreso y que tiene que ver con poder regular las plataformas que paguen el impuesto para que eso vuelva al fondo de fomento cinematográfico. No puede ser que no esté legislado, más cuando está completamente comprobado todo el ingreso y la ganancia que tienen. Tiene que haber una cuota de pantalla real, no como la que sucedía en los cines, que ahora ni siquiera existe. Ojalá vuelva a existir, hay que reclamarla, pero sí me parece que el Estado sí tiene que regular y también pensar en la sustentabilidad.
Tatiana Cannistraci: no las veo como una trampa u oportunidad, depende de cómo la sepas aprovechar -si tenés acceso-, acceso que en nuestro caso siempre fue indirecto. Ahora, a la hora de hablar de contenidos locales, de contenidos de federales, no me parece que sean una oportunidad, me parece que no tienen las puertas abiertas a priori para las producciones federales. Eso es lo que pienso. Siento que las plataformas se manejan con determinado número de productoras a las que les confían por vínculo, por confianza, por tener un knowhow en cine. Pero si miramos un poco las estadísticas, no sé cuántas realmente son las producciones que trabajan directamente con plataformas y son de otras localidades que no sean de Buenos Aires.
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Tres empanadas y un Uber para producir. ¿Qué hacen para sostener la actividad?
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Agnese Boaretto: uno termina laburando, por lo menos siempre en mi caso, en cine ad honorem, o sea, la ganancia es baja, casi nula y nunca se llegan a completar las horas que uno le puede meter a un proyecto con las horas que puede recibir el salario. Eso lo hace muy complejo, triste, injusto, porque los proyectos terminan sosteniéndose por motivación y nunca por un salario acorde. Uno tiene que apelar al pluriempleo o hacer un montón de otras actividades para poder bancar el alquiler, la comida y todos los gastos básicos. Entonces, eso también lleva a un agotamiento de la creatividad, por estar todo el día trabajando y produciendo. A veces me pregunto hasta qué punto -por más que amo el cine- si se justifica estar trabajando todo el día, no tener tiempo para poder hacer germinar la creatividad desde otros lugares. Me pregunto ¿estás haciendo un trabajo solidario o estás trabajando? Es muy delgada la línea y sobre todo yo puedo hacer eso conmigo, pero no puedo precarizar a otras personas para que trabajen en mi proyecto “de onda”.
Belén Altamiranda: hubo un momento en que nos volcamos a hacer muchos contenidos para redes. Uno empieza como a buscar otras otras cosas en el medio, a producir eventos o, en mi caso, cuando en los tiempos intermedios entre proyecto y proyecto, hacía fotografía, trataba de hacer redes, manejaba, empezabas a hacer otras cosas, ¿no? A buscarte estos famosos kiosquitos como para tratar de sostener algo que la industria no estaba o no está pudiendo proponer.
Lucas Tartaglia: creo que es difícil vivir solamente como técnico audiovisual si hoy no lo si no lo complementás con otra fuente de ingreso. Los proyectos son intermitentes, no hay un flujo constante. Y sumado a eso, yo puedo puedo vivir del audiovisual porque también tengo cierto contacto con Buenos Aires y con la rama más industrial. Nuevamente, insisto, con la docencia como complemento.
Romina Coronel: en lo económico, definitivamente no se puede vivir del audiovisual en la región. La fuente principal proviene de la docencia o trabajos en relación de dependencia.
Tatiana Cannistraci: el sector se fue debilitando, no hay manera de sostenerlo. Hoy tengo muchos colegas que se volcaron a la docencia, a dar cursos o incluso se han dedicado a otra actividad que nada que ver con el audiovisual, algo que me duele profundamente.
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La pantalla y la vocación de seguir narrando
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Lucas había adelantado algo del espíritu que encontramos en todas las voces, aquello de narrar con otro sentir, con el corazón. Quizás como en todas las actividades de las industrias creativas, los actores están movilizados por algo profundo que tiene que ver con la dimensión artística de la actividad, que es capaz de sortear los escollos de un escenario tan hostil y cambiante. Aunque con el corazón no se come, la sangre tira. ¿Por qué seguir narrando?
Néstor Ruggeri: no sé, será que me gusta mucho y me hace bien encarar proyectos y soñar con el proceso que va desde desde la idea a la pantalla. Ya es parte de mí, como si fuera un órgano más de mi cuerpo (sonríe). La búsqueda de creer que podemos ser mejores personas, poner en valor lo que ahora está muy devaluado, como: la generosidad, la reflexión, el altruismo, la solidaridad , aunque sea intentar ser menos individualistas y dejarnos de competir tanto. Pero sobre todo, además, porque es mi trabajo que genera mi supervivencia económica y anímica.
Belén Altamiranda: sigo produciendo porque me parece importante contar historias nuestras. Producir en zona, en territorio -en nuestro caso la cordillera- habla de nosotros y es muy importante que suceda, queda registro de nuestra cosmovisión. Por eso es importante el trabajo de los realizadores independientes, para contar lo que está pasando. Incluso en la producción de proyectos más industriales, hay algo profundamente humano, en ese proceso de colaboración de crear y gestionar para que algo suceda, independientemente si es algo que vos no verías como público. Son experiencias que no tenemos que dejar morir. Siento que un poco, lo que me moviliza, es tratar de preservar la voluntad colectiva de crear. Es un poco hippie, un poco poético, pero es eso.
Lucas Tartaglia: sigo porque es lo que me apasiona, lo que sé hacer y por lo que me formé durante muchos años. Creo que además de ser una pasión, un trabajo y una forma de vida, lo quiero seguir manteniendo y voy a hacer todo lo posible para que siga sucediendo.
Agnese Boaretto: en las historias que intento contar busco que haya algo de sinceridad, de utilidad, no en términos utilitarios, sino en términos de mensaje, que alguien pueda irse con una pregunta y poder tener un diálogo. Creo profundamente que el único lugar para cambiar la realidad, el primer puntapié, es poder hacerse preguntas (…) para generar diálogos y puntos de encuentro que transformen la realidad.
Lo que me moviliza a producir tiene que ver con poder generar identidad argentina, patagónica. Quiero un cine dirigido por mujeres, me parece que todavía no tenemos el lugar en la industria que deberíamos tener. Cuesta mucho más conseguir películas dirigidas por mujeres, cuesta mucho más que las mujeres estemos como cabeza de equipo. La igualdad formal no es igualdad real en términos estadísticos. También eso me convoca y me inspira a que siga yendo al lugar para las voces de las provincias, de mujeres, de las disidencias, en todo el sentido de la palabra disidencia, ¿no? No solamente de género, sino disidencias culturales, de todo tipo.
Romina Coronel: no bajar los brazos, a veces se puede hacer mejor y a veces necesitamos juntar más fuerzas. Este contexto nacional es incluso peor que el de la pandemia, para muchos sectores, incluído el audiovisual. Pero, parafraseando a la directora salteña Lucrecia Martel, tenemos que pensar en qué mundo queremos más y también pensar en qué mundo no queremos.
Tatiana Cannistraci: soy gran consumidora de audiovisuales de varios tipos, desde de videoclip, cortos, largos, documentales, series, me gusta. Si puedo consumir por lo menos una hora por día, lo hago. Eso me nutre, me genera cosas hermosas y me gusta ser parte de eso. Si a mí me genera lo que me genera, entiendo que a un montón de personas le pasa lo mismo, porque charlás con la gente, qué viste, qué no viste, qué te pareció. Se habla, se abren perspectivas ideológicas, filosóficas. Pero sobre todo me moviliza la posibilidad de sentirme parte de una red. Cuando filmás, hay toda una cadena que me resulta sumamente atractiva a la hora de producir, que me gusta lo que pasa, incluso más allá del producto final. Hay algo en esa cocina que me copa, sobre todo porque cuando estás filmando armás como una segunda familia.

Una de zombis
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En el cine catástrofe, por definición, la fuerza antagónica, la que vulgarmente asociamos a la de los enemigos, al malo de la peli, está en la naturaleza o en aquel fenómeno que escapa al control humano, que lo excede. Pasa también con los mundos apocalípticos: aquellos que desde hace un tiempo nos vienen poniendo en pantalla como si se tratase de una anticipación, un futuro imaginable y, por tanto, posible. Sea como fuere, con asteroides, zombis, robots fuera de control o tribus post humanas aisladas, con orden totalitario, los buenos están atrapados. ¿Qué les pasa a los protagonistas? Luchan, luchan por sobrevivir, dan la batalla. No basta con matar zombis una y otra vez o desviar el asteroide: hay que dar una batalla.
Muchos protagonistas la recorren solos en una misión que se convierte en introspectiva y sanadora. Otros, se ven obligados al encuentro con los demás, al acuerdo, y consecuentemente, a una transformación tan humana, tan colectiva como imperfecta, pero transformadora al fin.
El cine, como dispositivo tecnológico cultural, no escapa a las transformaciones globales en las que la humanidad está transicionando a algo nuevo, y claro, las transformaciones son dramáticas, críticas. La tecnología, como adelantamos al inicio, es un factor gravitante, pero la pregunta que corresponde hacernos con el cine es ¿cuándo no lo fue?
Vamos al punto: la Inteligencia Artificial, o la abrumadora infraestructura tecnológica detrás de las plataformas no son el problema o tooodo el problema. En tal caso, los vamos a representar con el monstruo.

Es la economía, estúpido
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Esta crisis en la Argentina afecta a todas las dimensiones de la economía productiva de bienes tangibles e intangibles, como es el territorio de las ideas, la creatividad y la cultura. Esa condición es una definición del guionista, una estructura de hierro donde la configuración de los protagonistas y los antagonistas está predeterminada. Nuestros trabajadores de la cultura, de la Patagonia otrora rebelde, son aquellos despojados de todo. Hay algo que se les ha arrebatado: sus dispositivos y herramientas de desarrollo, su vida ordinaria. Una economía del audiovisual herida. Es que las fuerzas antagónicas tienen el mismo objeto de deseo: obtener la jugosa renta a la hora de contar historias, pero también el valioso capital invisible de modelar formas de contar, de fortalecer narrativas y dormir otras -menos convenientes-. Ideas.
De eso se trata, un monstruo grande y pisa fuerte, que sin los resortes del Estado como garante del balanceo de los desequilibrios estructurales, arrasa como horda zombi sobre desprevenidos realizadores. Los protagonistas, en algún momento revelador, llegan a la cuenta de que hay algo de ese monstruo que es propio: la desidia, la deshumanización, el egoísmo. Hay algo de ese monstruo en mí, concluye el personaje. Y la curita ya no alcanza.

Matar al guionista (malo)
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Como dice el Doc Emmet Brown en la saga de Volver al Futuro: “Tu futuro todavía no ha sido escrito, ni el de ninguno. Tu futuro es el que tú te formes, así que háganse uno bueno (…)”. Las problemáticas reflejadas por nuestros realizadores patagónicos -ahora a cielo abierto- no dejan de desnudar la trama, las tensiones y desigualdades subyacentes en el sistema, los problemas estructurales de la economía de la cultura. Claro, como el héroe anónimo que se dio cuenta de que lo viejo funciona, los protagonistas como Juan Salvo (El Eternauta) o Marty McFly (Volver al Futuro), deben esforzarse en reconocer las ideas estructurantes que condicionan su presente imperfecto. Reescribir.
Esa es una tarea para los pensadores, las universidades, los dirigentes, los realizadores, para los actores del sector de la cultura. Esa es la batalla que se le da a la tormenta perfecta del nuevo orden, humanos transformados para bien, en tierra arrasada.
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Ilustraciones: Ana Belén González @anabolenki
Edición: Delfina Filloy @delfilloy y Denise González Eguilior @yosoydge
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